jueves, 30 de abril de 2015

Editorial del número 112



LA NECESIDAD DE UN JUICIO CATÓLICO

Ha sido noticia en estos días de mediados de abril, la carta que un periodista le mandó al Papa Francisco quejándose de la nueva y condescendiente recepción que le tendría preparada en Roma a Cristina Kirchner. La misiva no decía sino lo obvio, y por eso mismo no reclama mayor detenimiento ni ponderación. Y lo obvio, claro, es que no puede resultar edificante para la salud de la nación constatar, una vez más, la encumbrada aquiescencia eclesial hacia una de las figuras más corruptas y degradadas de la vida pública argentina.
  
Maestro consumado en el milenario artilugio vaticano de fugarse por la tangente, el destinatario de la epístola elogió su modo suave, su envase conciliador y su manso cuanto democrático estilo; pero ni una palabra quedó dicha sobre la gravísima e ineludible cuestión de fondo. Y maestro consumado al fin en todas las defecciones, el aparato periodístico argentino y el universo ideológico entero, al unísono, no hicieron otra cosa más que elogiar boquiabiertos la humildad del Padre Jorge.  El uno y los otros acabaron como debían, funcionales al mantenimiento del sistema.  Porque si es un pecado usar lo sacro —o lo que es tenido por tal en términos generales— para sostener lo más vilmente profano que se conozca; también puede constituir un pecado prestarse al juego del uso y de las adulaciones recíprocas.
  
El episodio, por lo mismo, interpela a la genuina conciencia católica; y si algún servicio pudiera prestar su desenlace es que los bautizados de a pie se pregunten, de una vez por todas, qué espera la Jerarquía de la Iglesia para definirse virilmente frente al horribilísimo estado de putrefacción política que estamos presenciando.
  
Si esos católicos de a pie —nosotros, los primeros— se contestaran que no cabe esperar definiciones viriles de quienes han perdido el noble oficio de definir y de ser varones, deberían entonces trasladarse la pregunta a ellos mismos.  No para que la responda cualquiera, al modo de un remozado y trágico libre examen, sino para escuchar la voz perenne de los maestros.
  
En 1937, el inolvidable Padre Julio Meinvielle editaba un opúsculo titulado “Un juicio católico sobre los problemas nuevos de la política”.  En rigor, lo primero que se advierte al leerlo, es que no hay propiamente una dificultad novedosa, sino lo viejo y cansino bajo el sol.  Pero que, novedosa o antañona, esa problematicidad exige un juicio católico que la dilucide y permita obrar en consecuencia.
  
Meinvielle, si se nos permite la síntesis para trasladarla al presente, desdobla ese juicio en un aspecto teórico y en otro práctico.  El práctico es que, dado que al mal del liberalismo “hay que añadir la democratización de la función pública [...], el sufragio universal en sus escuelas de comité es el instrumento para que pueda escalar al poder la casta de los que viven de la política”.
  
Abóquense, pues, al electoralismo, quienes quieran medrar de la catástrofe patria.  Es toda de ellos la puja de partidos, los recuentos de votos, las bocas de urnas, las boletas ajadas, los candidatos cortados con la misma tijera del régimen abyecto. Quienes se sientan libres de incurrir en este probado callejón sin salida, no tienen la opción del abstencionismo sino la obligación de dar batalla.
  
El aspecto teórico del juicio es más valioso, si cabe; puesto que la contemplación ha de tener siempre la primacía sobre el obrar.  Meinvielle nos plantea la opción de la lucha, como quedara dicho.  Mas “lo tremendo de esta lucha —nos dice— es su carácter metafísico: se traba en las entrañas mismas del ser”. O elegimos el individualismo egoista de pertenecer a nosotros mismos; o elegimos pertenecer al Anticristo; o elegimos someternos a la Ley de Cristo, bregando y actuando por el orden social cristiano.
  
No tenemos el poder del mundo, pero poseemos algo más valioso: las entrañas mismas de nuestro ser. Las propias; esto es, la de quienes queremos seguir siendo católicos; y la de las legiones incontables de santos y de mártires que nos han precedido.  Esas entrañas están inmunes a los pinzamientos homicidas de apóstatas, heresiarcas o vulgares felones. Porque laten de amor por Jesucristo Rey y por la Patria Argentina.
  
Antonio Caponnetto
  

lunes, 27 de abril de 2015

Aviso


 
LEA Y DIFUNDA CABILDO

POR LA NACIÓN CONTRA EL CAOS

Se ruega difundir.
 

jueves, 2 de abril de 2015

Guerras Justas

FIDELIDAD AL
2 DE ABRIL

 

Hemos de decir ante todo que no nos trae la humildad ni el más mínimo afán de discutir lo indiscutible.

 

Porque no es justo confundir la virtud de la modestia con la cobardía, ni disfrazar de sencillez la falta de coraje, ni querer compensar la ausencia de convicciones soberanas con gestos de mansedumbre diplomática. Nadie está obligado a bajar la cabeza frente a los ladrones, ni es eso lo que corresponde cuando lo que nos han robado es el patrimonio nacional. Ningún argentino bien nacido puede pedir disculpas por el 2 de Abril, porque la recuperación de Malvinas no tiene que perdonarse, tiene que repetirse y repetirse para siempre.

 

Nosotros, como decía Martín Fierro, queremos “ser duros con los duros, y que ninguno en un apuro, nos vea andar titubeando”. Que nadie se burle más de los derrotados ni pasee por las oficinas del enemigo la imagen del arrepentimiento y de la duda. Que nos vean serenos en el dolor, aguantadores en la adversidad, más firmes que nunca en la verdad que defendemos. Que el mundo entero nos vea soñando la Victoria y no castigando a los que se atrevieron a combatir y a dirigir los ataques.

 

Por eso, hoy no traemos la humildad sino el orgullo. El orgullo legítimo y necesario –como tiene que tenerlo todo buen compatriota‑ de haber reconquistado un espacio criollo y de haber tenido la posibilidad de ser protagonistas de esa hazaña.

 

Hace exactamente cuatro años. Las calles eran un desfile de banderas y de divisas celestes y blancas. Los puños pedían estrellarse contra los invasores, los voluntarios hacían largas colas. Las gargantas proclamaban nuestros derechos, las plazas se llenaban de rabia y de entusiasmo, la gente se desprendía de sus bienes y había en todos un objetivo compartido: expulsar al inglés, izar nuestro estandarte, dar la sangre si fuera necesario, pero demostrar de una vez por todas que éramos capaces de decirle basta a un siglo y medio de despojo.

 

Cierto que también entonces, no faltaron los descastados y los traidores. Los que visitaban las embajadas yanquis y ponían excusas para jugarse enteros. Pero a esos, los que estábamos en Malvinas, los despreciábamos por miserables. Jamás creímos que con el tiempo se convertirían en los funcionarios públicos de la Nación. Porque una cosa debe saberse: los soldados que pelean en el frente de una guerra justa no necesitan las componendas y las lástimas de los débiles. No necesitan las tramoyas de los políticos que visitan el teatro de operaciones para sacarse una foto y volver a sus casas. Necesitan la oración y los fierros, la Cruz y la Espada. Necesitan la fuerza de los jefes, el respaldo de la población entera y los atributos viriles de los que dirigen los ataques y los destinos del país.

 

El soldado tiene que ser bien mandado y sostenido por la pasión de quienes lo esperan. Si en cambio ve la vergüenza y los sustos, la histeria pacifista y la deserción de los responsables, no hay tropa que resista. Orgullo nacional se necesita y no pedidos de limosnas, ni hacer de lustrabotas en las puertas de quienes nos han asaltado. Esta diplomacia menesterosa de apellidos impronunciables, esta diplomacia de lustrabotas siempre dispuesta a negociar por una propina, es una afrenta a la justicia y a la dignidad que merecemos.

 

Porque en el fondo, tampoco se trata de discutir haciéndose el bueno, el dócil, el espíritu amplio y abierto a cualquier sugerencia. Haber decidido, como ya se decidió, que el tema de la soberanía no se incluye en primer lugar para facilitar las conversaciones, es creer que el honor agraviado se recupera charlando y que se puede hacer este trueque inconcebible: cambiar independencia por diálogo interminable. Pero además para recuperar hablando lo que se perdió por las armas se necesita una palabra que defina y retumbe como los cañones y no una verborragia de parlanchines a sueldo.

 

Nos preguntamos hasta qué punto se puede discutir con quienes han asesinado a los tripulantes del Crucero Belgrano, con quienes han violado las normas de la moral y de la paciencia. Hasta qué punto es posible discutir con los que ofenden e impiden nuestra soberanía real, y seguir haciéndoles guiños y señas para que se den cuenta que no somos tan duros como en 1982. Tal vez sea la hora de entender la vigencia del artículo 2º del Código Militar del General San Martín: “El que sea infiel a la Patria, comunicándose verbalmente o por escrito con los enemigos, haciéndoles alguna señal, revelando la clave directa o indirectamente, u otro modo que cometiese traición, será ahorcado a las dos horas; igual pena tendrá el espía o el que engañase a otro para el enemigo”.

 

En una palabra: ni falsa humildad para esconder la entrega, ni tanta labia vacía para enmudecer a la hora de hablar claro. Los muertos esperan gestos altivos y decorosos. El silencio de las tumbas sólo puede ser quebrado por frases contundentes que ordenen la reparación y la justicia. ¡Basta de historias oficiales que puedan ser premiadas por el extranjero! Nosotros vivimos la gesta verídica, la epopeya ardiente, la cruzada valerosa por Dios y por la Patria. Este es el Sur que existe y al que no le cantan los fantoches de turno. Este es el Sur que queremos que exista: el de la Reconquista de Malvinas y el de la Argentinidad Combatiente.

 

Compatriotas:

 

Hace cuatro años volvía a tener sentido la palabra gloria. Pero hoy quieren taparlo todo y hacernos olvidar de a poco lo que vivimos en aquellos días. Quieren que tengamos remordimientos por habernos atrevido a rescatar lo propio. Quieren hacer pasar a todos los guerreros por profesionales del salvajismo y a los conscriptos de una clase privilegiada por chicos mamarrachescos. Se nos pide que nos enternezcamos y ablandemos, se nos adjudican traumas y nos recetan palomitas de la paz para que superemos los malos recuerdos. Pero ya lo hemos dicho otras veces: el único remedio que necesitamos es VOLVER. La sangre derramada no se olvida y con los años, la memoria se fija una y mil veces allí donde quedó detenida. Nada ni nadie podrá borrarnos la gesta de Malvinas.

 

Quieren que nos sintamos invasores e inoportunos y que no perjudiquemos con el homenaje a los soberbios caídos el curso de las humildes negociaciones. Quieren que no seamos tan reiterativos todos los años y que no parezcamos tan bruscos llamando piratas a los súbditos de Su Graciosa Majestad. Y lo que resulta más imperdonable es que quieren condenar e injuriar a los que tomaron la decisión política de devolvernos las Islas; y en el fondo del relajo, agitan la condena y el desprestigio en los días del aniversario de la guerra.

 

Quieren, en fin, desentenderse de los héroes, del Operativo Rosario, de la Virgen Generala, de los milagros cotidianos, y si fuera posible quisiera suprimir del calendario esta fecha, escamotearla de la cronología definitivamente.

 

Por eso nuestro lema. Argentino: CADA DÍA UN DOS DE ABRIL. Cada día la Patria te convoca. Cada día amanece pidiendo reconquista. Cada día es un deber nuestra Victoria. Cada día un 2 de Abril marchando alegre sobre un Puerto Argentino que no sepa rendirse.

 

¡Viva la Patria!



Marcelo Alvarado

 

Nota: El autor es Veterano de Guerra y perteneció al Movimiento Nacionalista de Restauración (M.N. de R.). Este discurso suyo se publicó en “Cabildo” Nº 99, año X de la segunda época, correspondiente a abril de 1986.
  

martes, 24 de marzo de 2015

Editorial



MULTITUD

Cuando en 1983, el indefendible Proceso cumplía con su objetivo de formalizar una “democracia moderna, eficiente y estable”, delegando el poder al delirio del sumidero partidocrático, abundaron las voces representativas que señalaron a la derrota de Malvinas como causalidad eficiente del nuevo suceso. Y eran esas voces –ya procedentes del inglés , del yankee o del meteco nativo– una alabanza de la rendición argentina, que encontraba así, en tan repugnante óptica, su justificación y consiguiente elogio. No hacía falta entonces abrevar en los griegos para advertir el signo impuro y corrupto bajo el cual nacía la plenitud democrática. Ilegítima por su fundamento, naturaleza y previsible ejercicio, la democracia sumaba así una nueva ilicitud de origen. Sólo las víctimas del colectivo engaño podían ilusionarse al respecto, alimentadas por los miles de victimarios activos, cómplices rentados de la gran perversión que acababan de inaugurar.

El 2015 que iniciamos trae el trigésimo noveno aniversario de esta meta procesista definitivamente consumada. Si se intentara un balance del drama que la irrestricta democracia ha desatado en más de tres décadas, bien podría apelarse a la figura del poseso de Gerasa, de quien nos habla el Evangelio. Sometido a tan luciferiana tiranía, el desdichado “no se vestía, no vivía en una casa, sino en las tumbas”; andaba “arrastrándose engrillado y conducido a lugares inhóspitos”, y cuando el Señor le preguntó su nombre al Maligno que así lo sojuzgaba, “él le contestó «Multitud », porque muchos demonios habían entrado en él” (San Lucas, 8, 26-30).

Tal la situación de esta patria posesa. Despojada de sus atavíos –aquellos que al decir de Marechal, calzaron su pie de hierro y cubrieron de plata festiva su costado– hoy se exhibe atrozmente desarropada y desnuda. Desabrigo de los cuerpos, en tantos compatriotas que la miseria ha tocado porque mandan el mercado y la usura; y desmantelamiento del alma, porque la iniquidad campea, la contranatura se impone, la hediondez ideológica castiga, sea con su escupitajo liberal o con sus excrecencias marxistas. Y a la vez sin casa, pues la sociedad discorde que nos han construido ha tumbado la seguridad de las moradas, befado los hogares cristianos, desmantelado los cuarteles, profanado los templos, desarraigado el sentido de las instituciones naturales y empujado al ciudadano común a la intemperie y al vacío. Patria desnuda y sin residencia soberana, su destino de tumba parece acrecentarse, en cada muerto inocente que se cobra la garantizada delincuencia común, el hambre programada por la clase política y las andanzas del siniestro piqueterismo. No le faltan los grillos y las cadenas a esta tierra posesa, toda vez que se quiera advertir su endeudamiento económico, su vasallaje al Nuevo Orden Internacional, pero sobre todo su esclavitud al materialismo, que tome los nombres o las modas que tome, será siempre manifestación del odio a Dios y a los Diez Mandamientos. Así desfigurada –como el gerasiano del relato neotestamentario– no ocupa esta sociedad un sitial en la historia, antes bien, parece un ser sin vida propia, abandonado en un páramo cualquiera. Multitud es el nombre del Maligno que la tiene doblegada. Multitud que es la sustancia misma de la democracia, la esencia de la mentira electoralista, el núcleo desencajado y vil de la soberanía popular, bajo cuyos auspicios toda inmundicia se consuma y convalida.

En vano se seguirá apostando a este Régimen, ratificado por todas las variantes del sistema, hayan sido civiles o militares sus protagonistas eventuales. En vano se continuarán las prácticas de un modelo que, cada partido a su turno, demostró ser inviable para asegurar el bien común. La democracia no puede dar sino lo que ha dado: desnudez, desarraigo, esclavitud y muerte. Mas no están cerradas las puertas de la esperanza, si se acude a Nuestro Señor Jesucristo, para con que con su Divina Realeza arroje a Multitud a una piara de cerdos, y éstos a su vez, como lo narra el Evangelio, se arrojen a un despeñadero para que el agua se los trague.

Dostoievski supo imaginar a uno de sus Endemoniados, convirtiéndose al final de sus días, y haciéndose leer el pasaje de San Lucas, para terminar como el gerasiano, libre y sano, sentado a los pies del Señor contemplando sus enseñanzas. En la ocasión dice el anciano contrito: “los demonios que salieron de ese hombre enfermo para entrar en los puercos, son todas las plagas, suciedades, miasmas y delitos que se han juntado en nuestra querida patria, la que al final, se desembarazará de todas las impurezas y podredumbres que hoy la hacen sufrir, porque ellas mismas querrán entrar en los puercos. Y entonces la enferma patria se sentará a los pies de Jesús y todos la mirarán con asombro, como asombrados contemplaron los gerasenos al endemoniado aquel que curado escuchaba al Divino Maestro”.

Una vez más surge con nitidez el significado de nuestra lucha: contra Multitud, por el Reinado de Jesucristo en la Argentina. Y una vez más la apuesta empecinada, a que de las cenizas surgirá el rescate. Porque las aquí mentadas, no son las pavesas de las urnas roñosas, sino las reliquias del primer Miércoles de Cuaresma, bajo cuyo signo cerramos estas líneas.

Antonio Caponnetto

jueves, 26 de febrero de 2015

Mirando pasar los hechos


LA RUTA DE LA CARROÑA
 
 
GENUINOS AFANES
 
Antes de comenzar la demolición de calles, avenidas y costumbres, el jefe de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires recordaba una lejana inspección por zonas rosadas de cierta metrópoli europea. Para concluir que en las ciudades conviene dar lugar a “esas cosas límites de situaciones perversas, que son inherentes a la condición humana”. Y así lo ha logrado, desde el Palermo sonrosado hasta las instalaciones del Rosedal para la expansión travesti, entre otras hazañas condensadas en su polinesio adiós a la prohibición moral: ¡Chau Tabú! Para más, su gobierno acaba de distinguir como “Personalidad destacada de la Ciudad de Buenos Aires en el ámbito de Cultura”, al máximo proxeneta de la televisión descarada.  Con asistencia de una alta gama de anchas mangas; desde la opulenta veterana con su perrito, hasta el promotor de Hoteles para Gays en celo.
 
Este acontecimiento desvió por un rato la atención de otros caudalosos hechos. Entre los cuales re-salta la solicitud maternal de la Presidenta, logrando que los “presos políticos” de la dictadura terrorista puedan gozar de una pensión graciable para toda la vida. Al tiempo de nacionalizarse la Universidad de las Madres de Plaza de Mayo, con el bagaje de cuantiosas deudas transferidas a los maleficiados por la Anses. Aportando obviamente el acervo cultural ya mostrado en aquel retrete puesto por ellas en la Catedral de Buenos Aires, sin que temblara ni urbi ni orbe. A más de los tenebrosos “Sueños Compartidos” con el impar doble parricida.
 
En tanto los buitres están escudriñando desde las alturas la colosal Ruta de la Carroña: Uruguay - Bahamas (de pequeños bancos por las islas) - Estados Unidos (compañías privadas) - Suiza - Seychelles. Para volver millones de dólares en cuentas corrientes y asentar en La Florida bienes raíces. En fin, por todos los rincones donde la Familia Irreal ha custodiado el botín de sus genuinos afanes. Desde la millonada de dólares alivianados al erario santacruceño para resguardarlos en la Reserva Federal de Estados Unidos (sic, según el ejecutor)… hasta los billetes al kilo vivo acariciados con ternura; más cuanto negocio se pusiera a tiro. Sin frenar el crecimiento de las villamiserias —festejado por Ella en la 31— el hacinamiento en tugurios infectos, la miseria jubilar, la inseguridad sensacional y por supuesto el narcotráfico libérrimo.
 
En suma, la Dékada Ghanada. Si no —comentaban en la fila de la parada— que le pregunten al Vicerreo o al Chikitillo cumplidor y a los miles de flamantes funcionarios colmados de sueldos y viáticos. Desde anunciantes de la felicidad porcentual, hasta diseñadores del Pensamiento Nacional o calibradores del Rating. Como broche de oro, se está conociendo la designación de un conocido humanitarista ambulatorio en altísimas funciones. Lo recoge el diario “La Nación” (del 14 de octubre de 2014), aludiendo al ex juez español condenado por prevaricato en su tierra, pero principal asesor del Gobierno argentino para promover la “Justicia Universal”. Con rango y sueldo de subsecretario de Estado. Se trata de Baltasar Garzón, designado “coordinador en asesoramiento internacional en derechos humanos”. El Ministerio de Justicia supo defenderlo, diciendo: “Con la aplicación del principio de jurisdicción universal generó notables avances para la persecución y el juzgamiento de los crímenes de lesa humanidad en la Argentina, que hoy son ejemplo en todo el mundo”. Sin duda con referencia a la tortura a muerte en las mazmorras terroríficas, de veteranos luchadores contra el terrorismo subversivo. Ya llegan a 264 las víctimas.
 
ABOGADA DE DIABLAS
 
A todo esto, en los últimos días produjo fuerte conmoción cierta denuncia contra la jefa del Estado, por alardear de “abogada exitosa” sin el diploma habilitante.  Señalaba un letrado —lejos de abogado del diablo ni diablas— que el hecho re-sulta minúsculo frente a los monstruosos insultos a la justicia. En todo caso, dijo, bastaría pasar de “exitosa” a “secano”. Para ver con el diccionario que “abogado de secano” es quien “sin haber cursado la jurisprudencia entiende de leyes o presume de ello” // fig. y fam. “Rústico, avisado y astuto en el manejo de negocios superiores a su educación”.
 
No faltan quienes consideran que estos distraimientos, a más de estériles, desvían la atención del astro de la “década ganada”. Y gente muy enconada recuerda facetas personales con marcada odiosidad. Repitiendo que jamás fue un caudillo telúrico ni líder de multitudes promovido por hazañas cautivantes. A lo sumo un extraño exitoso, asentado en lejanas regiones manejadas a su antojo. Antes —aseguran— guerrillero a distancia enriquecido por la usura, después mandamás con sobrados ejemplos de audacia y petulancia. Bastando el recuerdo de los millones de dólares escondidos por el mundo y el bagaje de excesos, hasta insultar al sentido común.
 
En nombre de la Justicia y “para cerrar heridas abiertas” encarceló a cuanto militar o policía intervino en la lucha contra el terrorismo; retorció la historia; devastó las instituciones; enalteció a criminales “idealistas”; apropió facultades extraordinarias; manipuló los ámbitos judiciales; amparó a las hordas piqueteras; comprometió al país con exabruptos “diplomáticos”, acusándolo ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por el caso AMIA; terminó de corromper el sistema educativo; promovió la promiscuidad sexual, y la homosexualidad; enalteció la prostitución.
 
En fin una diatriba larga de consignar, en pugna con la proliferación de homenajes traducidos en nombres de calles y lugares. Hasta el punto que el aborrecimiento generalizado sólo le reconoce el patrocinio de alguna represa, pero cambiado el género. Más allá de la inquina, siempre insalubre aunque provenga de la injusticia social, irrumpen agravios trascendentes.  Persiguió a la Iglesia Católica y fomentó la desocupación con Planes Trabajar para no trabajar.
 
Frente a tal prontuario o revoltijo, surge una pregunta: ¿Cómo pudo tolerarse el despotismo? ¿No hubo fiscales y jueces? Interrogante ocioso, transitando por el oeste del Gran Buenos Aires, un cronista buscaba la Avenida Roca. Tarea imposible, porque ahora se llama como él… Con parejo despropósito histórico, se ha enviado a Bolivia una costosa placa en homenaje al castro-comunista Ernesto Che Guevara. A nombre del pueblo Argentino y con la presencia en la conmemoración de los paisanos Daniel Filmus y Tristán Bauer. “El momento que vive Latinoamérica tiene mucho que ver con la aparición de presidentes como Cristina, Evo y Chávez”, planteó Filmus como una resignificación de los ideales del Che. Y Bauer subrayó que “la lucha de hoy es la continuación de aquella comenzada por el guerrillero”. ¡Cuánto está a la vista!

POR SUERTE YA NO SE ENCUENTRAN POLICÍAS…

Todas estas cosas rellenan el abismo de mentiras históricas que la usurpación alienígena impone desde el poder. O sea uno de los peores legados del arco de enormidades, culminando en la Patagonia con la base militar para el comunismo chino. Y basta ver el lavado del cerebro de las nuevas generaciones. El otro día un chico de once años, participando en la ESMA del “Encuentro de la Militancia”, hizo confesiones horribles difundidas por televisión. Desde “adorar” (sic) a Néstor Kirchner, hasta su complacencia… ¡por la ley de fertilización asistida!
 
Es sabido que la Presidenta se manifestó encantada, diciendo: “Por suerte ya no encuentran policías para detenerlo y llevarlo preso por hablar de política. En realidad no se trata de suerte. Se trata de otra Argentina. De cambio y nuevos tiempos. De Democracia en serio y a fondo” (cfr. “La Nación”, 2 de noviembre de 2014).
 
Como se ve —ya más que en serio— se trata de otro país, fundido y fondeado. Caricatura de la noble nación de los abuelos, despreciados hasta la demolición de monumentos alusivos.

LOZANÍA PARA EL ERROR

Para colmo de males, el lavado también afecta a los no tan jóvenes y presumiblemente más instruidos. El “Informador Público” (del pasado 24 de octubre) consigna que el obispo de Gualeguaychú —Monseñor Jorge Lozano— ha llamado a los católicos para que “aporten datos e información sobre hijos sustraídos a madres desaparecidas durante la última dictadura militar”, afirmando luego que “hay cerca de 400 (sic) familias que buscan a sus nietos apropiados durante la época del terrorismo de Estado”. Sensacional respaldo a la presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo, que en Roma requirió ayuda al Papa Francisco. Para encontrar los 400 (sic) nietos “que siguen faltando, a través de la apertura de los archivos de la Iglesia en la Argentina y del mismo en el Vaticano”. Y en posterior conferencia de prensa, denunció a la cúpula de la Iglesia argentina que “fue cómplice de la dictadura” y a “otros que son responsables por omisión”… “No pedimos que nos pidan perdón, sino que nos ayuden a encontrar nuestros nietos, que son 400” (sic).  Insistiendo casi amenazante: “que se abran los registros de la Iglesia en la Argentina, porque ahí debe haber información y que los curas que saben algo y no nos importan sus nombres, que hablen”.

¡CÚIDENLA A DIOCLECIANA!

Por su parte, el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina Monseñor José María Arancedo, grabó para la televisión junto a integrantes de Abuelas de Plaza de Mayo, reclamando en nombre de los obispos argentinos que quienes tengan información sobre niños robados durante la última dictadura la aporten a las autoridades. “Exhortamos a quienes tengan datos sobre el paradero de niños robados, o conozcan lugares de sepultura clandestina, que se reconozcan moralmente obligados a recurrir a las autoridades pertinentes”, indica Mons. Arancedo en su mensaje.
 
Decía la información recogida, que el espacio de campaña fue grabado con las referentes de Abuelas Estela de Carlotto y Rosa Tarlovsky de Roinsiblit, sentadas junto al Prelado, quien completaba: “Nos sentimos comprometidos a seguir buscando la verdad con la certeza de que eso no hará libres”. Sugiriendo el gran interrogante: ¿Libres también de distracciones, como las que permitieron el doctorado “honoris causa” de la abuela abortista?
 
El penoso acompañamiento de la falacia histórica, se agrava al servir de apoyo a una consagración expresa o tácita desde la más alta Cátedra. Como lo presagia la nueva visita de la supuesta Abuela al Sumo Pontífice. Tanto más preocupante, con todo respeto, conociendo que más allá de la primacía espiritual, el manejo político no traduce carismas especiales. Figurado, para la crítica acíbar, en un imposible consejo del siglo III: ¡Cúidenla a Diocleciana!
 
Contrapunto: Mientras se desploma el ánimo por estos lares, llega la noticia corroborante de un amanecer insinuado desde el Oriente. En San Petersburgo fue desmantelado el monumento en memoria del fundador de Apple, Steve Jobs, después que el sucesor al frente de la compañía Tim Cook, confirmó su homosexualidad.
 
LA SITUACIÓN ECONÓMICA
 
Hasta un lego de ajustada perspicacia podría incursionar sueltamente sobre el particular. Por supuesto con más amargura que soltura. Los embates meteorológicos están demostrando la profundidad de la caída, bastando arreciar una tormenta para que ciudades y pueblos queden sumergidos. Y ello sólo se explica —lo dice la gente— por la década perdida, trampeada y esquilmada, junto a la colosal ineptitud de la administración pública.
 
Según los últimos informes a la mano, la inflación está llegando al 40% y el déficit superó cifras millonarias, en cualquier moneda. Los gastos primarios han registrado enormes avances. De acuerdo a estudios de meses atrás, las empresas públicas acumularon déficits de más de ocho mil millones; bastando reparar que el juguete de Aerolíneas insume casi dos millones por día. En los últimos años, el Estado incrementó en 80.000 empleados o más la planta permanente o transitoria; lo que significa un 435% de incremento en el gasto público. Según compulsas recientes, casi el 30% de la población vive bajo la línea de pobreza, eufemismo para encubrir la miseria extendida. Por otro lado —el de la justicia social— es increíble la desfachatez de utilizar a la Administración Nacional de Seguridad (Anses), inventada para respaldar las jubilaciones, como suministro de fondos en negocios ajenos a los “beneficiarios”.
 
Obviamente más que ajenos, enajenantes. En conclusión, el desastre ya no admite disimulo. Salvo caerles a las aves de rapiña o de carroña, que están poniendo al descubierto la estafa colosal del régimen —¡y las connivencias personales!— a costa del hambre y la postración general. Con pánico de los tramposos, a punto de quedar al descubierto. Algo que desde ya gravita fatalmente en las próximas elecciones. Salvo, claro está, la magia de los computadores —con perdón de la cibernética— que en su momento igualaron a Chávez con Cristina en popularidad porcentual… ¡Y lo que traerá el voto mecanizado!
 
AL PAÍS LE OCURRE ALGO INICUO
 
Como es bien sabido, la recesión consiste en una pérdida generalizada de la actividad económica del país, a través de la caída del producto bruto durante un periodo prolongado. Y son síntomas característicos, el crecimiento del desempleo con el aumento de los despidos, la disminución del consumo por la suba de precios (inflación) o falta de dinero y mayores tasas de interés; el crecimiento de las áreas carenciadas. Y otros síntomas corroborantes. Como se está viendo es cuanto ocurre en la Argentina, dando lugar a variadas divagaciones sobre los remedios posibles.
 
Frente a lo cual, hablando con franqueza, se ve que no hay otra solución que un cambio completo. Algo que un valeroso hombre público, ya fallecido, solamente esperaba del milagro: “Al que hay que ayudarlo”, sentenció sabiamente. Ocupando con sencilla esperanza el lugar de lucubraciones inútiles para recuperar la salud.
 
Hasta el término “recesión” resultaría impropio, en cuanto evoca retroceso. ¡Ojalá pudiéramos retroceder a otros tiempos! Cuando teníamos trenes magníficos por todos lados, en lugar de la tramposa fábula del “tren bala”; cuando se construyó una maravillosa red caminera cargando dos centavos al precio de la nafta; cuando funcionaban holgadamente los hospitales; cuando la jubilación se celebraba con semántico júbilo; cuando se podía viajar por el mundo con pesos nacionales en la billetera; cuando teníamos petróleo a raudales y Yacimientos Petrolíferos Fiscales llegó a producir ganancias equivalentes a la deuda externa; cuando la ruta sureña se alumbraba con antorchas del gas sobrante y por lo mismo en Campana ardía una formidable llamarada perpetua; cuando teníamos flota mercante hasta en el río Paraná surcado por magníficas naves de pasajeros. Y un etcétera de añoranzas que hoy nos anudan la garganta.
 
Porque al país le ocurre algo inicuo. Puesto que la Argentina —estúpidamente pordiosera de capitales foráneos— es riquísima y con buena administración no los precisaría. ¿Acaso en otros tiempos no creció maravillosamente por sí misma? La Argentina es riquísima, bastando dar una vuelta por cualquier región, donde florecen campos inmensos hasta el horizonte; donde los yacimientos esperan la explotación correcta; los ríos y mares guardan la fauna más codiciada en el mundo. Y también etcétera.
 
En fin esta nación que, como saben los más viejos, supo conocer maravillosos momentos de bienestar económico hasta hacerse famosa. Y los puede revivir a condición de pareja profilaxis, recuperando la capacidad gobernante con honradez. Así de sencillo y milagroso.
 
Casimiro Conasco