jueves, 11 de diciembre de 2014

Pedagógicas


LA RUINA REAL
DE LA INTELIGENCIA

“El antiguo proceso de convicción por medio de argumentos y pruebas ha sido reemplazado por la afirmación reiterativa, y casi todos los términos que otrora fueron la gloria de la razón conllevan ahora una atmósfera de desprecio”.
(Hilaire Belloc: “Las grandes herejías”)
 
Aloguismo, wishful thinking, pensiero debole: tres términos de acuñación dispar y extemporánea, pero confluyentes en un sinfín de herrumbrosas y actualísimas comprobaciones.
 
El primero, debido al magín de Belloc, aunque alusivo inicialmente al modernismo o “herejía total”, preveía con acierto aquel dislocamiento (a la postre impuesto y campante) por el que la procesión metafísica que va del ser (uno e indiviso) por la verdad al bien invierte los dos últimos términos, haciendo de la verdad algo así como un precipitado del bien, una graciosa concesión adjetiva, prescindible y aun arbitraria, un puro lujo del lenguaje. Consecuencia de un voluntarismo de larga data y paciente erosión, lo que se termina por postular es que la potencia apetitiva no es atraída por la inteligibilidad inherente al objeto, sino que se mueve un poco por necesidad y azar, y que es fatalmente infalible en la elección del mismo.
 
Difícilmente podía desmentirse tan categóricamente esa larga tradición del pensamiento de la que somos todos tributarios, aquella que arranca, lo menos, desde los lejanos siglos en que el mythos cediera la voz al logos en virtud de la más acabada capacidad que éste posee para la representación universal. O, dicho en otros términos, por su mayor eficacia en reunir la multiplicidad de lo real bajo unos pocos y vivaces caracteres.
 
No obstante lo cual, y debiendo reconocerle al mito no escasa virtud representativa y una cierta vigencia del logos en sus mismos pliegues (la potencia alegórica del mito habla de razón, de relación), debemos concluir, vistas las cosas como están, que hoy se ha vuelto a un tipo de conocimiento que no sólo habría que calificar como pre-lógico, sino aun, y en sentido estricto, como pre-mítico.
 
La ruina del logos no ha hecho más que propiciar, al puesto de la representación, la reiteración compulsiva, la re-duplicación, la tosca mímesis: de allí la rigurosa actualidad de las palabras de Belloc arriba enunciadas.  Lo que, pese a los alegatos de rigor en pro de una pedagogía no represiva, supone la más resuelta realización de aquel “la letra con sangre entra”.  O con el hierro candente de las yerras, que no otra cosa ha logrado la asfixiante propaganda. Aquel célebre “miente, miente, que algo queda”, atribuido alternativamente a Goebbels, a Lenin, a Voltaire, a Beaumarchais, y cuya lección algunos rastrean hasta la antigüedad, supone la confianza no ya en el poder sino en la defectibilidad —o aun en la mera defección— de la razón, y en la posibilidad de alcanzar algún tipo de construcción mental al margen de esta facultad.
 
“Se atizarán fuegos para testimoniar que dos más dos son cuatro. Se desenvainarán espadas para demostrar que las hojas son verdes en verano” (Chesterton). El quebranto de la razón especulativa ha hecho del consorcio humano un erial, y ha llevado el desierto allí donde se agolpan muchedumbres.
 
Si hay algo que no escapará al observador son las evidentes muestras de que los niños recién entrados a la edad de razón hacen de las exigencias primarias de la cogitativa y de la razón formal: se pide cuenta de la adhesión o repulsa que merecen tales o cuales objetos, de la valoración que debe dárseles, tanto como de la causa de las cosas, de la distinción y la identidad entre las mismas…
 
Y horroriza comprobar, por ello mismo, cuánto esta disposición natural, llamada a desarrollarse como todo el ser del hombre, viene a menudo a truncarse por efecto de unos hábitos históricos punto menos que increíbles.
 
Acá se nota ciertamente cuánto estrago causa el hastío reflexivo, morbo asaz adecuado a la activa multiplicación de estímulos sensibles y a la huída de toda dificultad que caracteriza al modus vivendi contemporáneo. El juicio especulativo, atinente a objetos más o menos arduos según la índole propia del sujeto, viene a cambiarse por el llamado “juicio electivo” o “de conveniencia”, ilícito atajo por el que el bien pretende definirse con independencia y exclusión de la verdad, o haciendo de ésta una consecuencia de aquél: verdad es lo que me complace. No otra cosa han advertido esclarecidos autores del último siglo: se niega que los juicios de valor sean realmente juicios, reduciéndolos a puros sentimientos.  Wishful thinking o “pensmiento ilusorio”, tal el proceso intelectivo basado apenas en lo que causa gusto.
 
De aquí a la afirmación del presunto derecho a rehuir todo imperativo concreto de la razón hay un breve paso. Así se refirió Gianni Vattimo al pensiero debole o “pensamiento débil”, por él excogitado: como al libre curso interpretativo enfrentado a una lógica “férrea y unívoca”. “Se han disuelto los fundamentos últimos, los principios incontrovertibles, las ideas claras y distintas, los valores absolutos y las evidencias fundantes” y, a cambio de lo que se denuesta como “rigideces” o restricciones inaceptables (la certeza intelectual derivada del hábito metafísico), se multipolarizan los asertos hasta la extenuación.
 
El resultado es conocido de sobra: vulgaridad, ligereza de juicio y —a la postre, y contrariando las premisas declaradas— estrechez e imposición coactiva de los patrones de valoración consagrados por la propaganda. Los hijos de la Revolución (contra)cultural ofrecen, así, una garantía de falibilidad tan redonda y acabada que se diría la más puntillosa réplica de la sapiencia. El mérito será entre ellos una culpa, y la culpa un honor, y el gusto estéril de habitar el “mundo al revés” hará que sus facultades superiores residan en sus pies.
 
Aquel triple movimiento que hace al andamiaje de la vida mental (percibir con claridad, juzgar con verdad, discurrir con rigor) se ha vuelto sospechoso de arrogancia y aun, insólitamente, de fascismo. Estamos de lleno en la anomía mental prevista por Chesterbelloc, que en sus días no había alcanzado aún este asfixiante nadir. Tópico tan amañado como el de la presunta mayor inteligencia de la “generación cibernética”, cuya celeridad de descargas nerviosas admira a tanto anciano irreflexivo, no ha hecho sino aplazar la constatación necesaria (necesaria con valor de diagnóstico y de reto) de la ruina real de la inteligencia.  No se quiere reconocer que, en todo caso, lo único comprobable es la mayor velocidad de respuesta a ciertos estímulos magnéticos, provocada —según señalan los especialistas— por una alteración en las redes neuronales, esto es, en el mismísimo soporte orgánico del psiquismo. Hacer de esto un triunfo de la actividad mental es el colmo de la tontería.
 
Más bien habría que pensar que este hipnotismo generalizado es la vertiginosa consecuencia última del subjetivismo radical, del solipsismo difuminado por la filosofía moderna sobre las conciencias, los indecorosos estertores de una civilización enferma que ya ha sido juzgada, y que se resiste a acatar el fallo. Son conciencias las de estas generaciones ante las que la gnoseología se estrellaría como ante un médano: baste ver la adhesión acrítica de tantos jóvenes a cualquier ideología que se les presente con la suficiente insistencia y con visos de triunfo, la irracionalidad (comparable al de los hinchas de fútbol) que los arrastra a la simpatía partidaria.
 
La política, la vida social, los estudios quedan impregnados por el mismo morbo, y los candidatos a los cargos públicos apelan a estos mecanismos de estímulo-respuesta que implican la manipulación artera de la palabra, asimilada a un acicate informático. Son tantos y tan explícitos los síntomas de esta misma patología, que podrían llenarse páginas de ejemplos reconocibles hasta el cólico.
 
Habrá que reconocer por fuerza que, al cabo de una larga pendiente antropocéntrica, de un desquicio pendular oscilante entre los desatinos del racionalismo y el aloguismo —y que, pese al humanismo expreso, comportó irónicamente la ruina de todo lo que no había en el hombre de caído—, la mayor esperanza que podemos alentar es que la restauración de una cierta dignidad humana ya no depende del hombre en absoluto.
 
Flavio Infante
 

viernes, 5 de diciembre de 2014

Mirando pasar los hechos


“LA NOCHE DE LOS LÁPICES”,
HOY
 
 
Fue “La Noche de los Lápices” una película dirigida por Héctor Olivera con un guión escrito por Daniel Kon y el propio director, quienes tuvieron el asesoramiento del autodeclarado sobreviviente Pablo Díaz.
 
En la narración de las presuntas vicisitudes de los miembros de una organización perteneciente al entramado terrorista de la banda marxista “Montoneros”, la U.E.S., una de las escenas más repulsivas, destinadas a producir un golpe de efecto en el espectador es la de la violación de una adolescente protagonizada por Miguel Ángel Porro, quien personifica a un miembro de las fuerzas policiales.
 
Solivianta a cualquier persona decente ver la brutal y sádica agresión que escenifica el derechohumanista actor Porro, aún sabiendo que solo se trata de una ficción. El papel del bellaco violador, de degenerado vil y prepotente, está indudablemente bien personificado.
 
¿Arte escénico? ¿Dotes actorales? Parece que no. Hoy, a casi treinta años de la vista cinematográfica, nos enteramos por una de sus ex alumnas que Porro en la realidad era violento, acosador y libidinoso” y que siempre se jactaba de la escena que había protagonizado a un milico que abusa de María Clara Ciocchini”.
 
Y en el colmo de lo canallesco, Porro dirigiéndose a sus niñas alumnas les refería que había disfrutado escenificando su acto delictivo.
 
Así nos lo relata Mariana Pizarro, expresidenta del Centro de Estudiantes de la Escuela Nacional de Arte Dramático “Antonio Cubil Cabanellas”, entre los años 1995-1996 (actual Universidad Nacional de las Artes), quien agrega una pintura definitiva sobre este adalid de los derechos humanos actor y docente: Este señor es muy violento, yo salía de sus clases con el estómago revuelto, con ganas de vomitar, sintiéndome sucia. Creo que todas las personas que fueron víctimas tienen que salir a contar lo que pasó. Para mí es muy importante que no esté muerto y que responda ante la Justicia sobre todos los delitos que ha cometido”.
 
Porro habría intentado abusar de varias jóvenes alumnas y no en ninguna película de propaganda sino lamentablemente en la realidad. Su técnica: “llevaba a las jóvenes hasta su casa, en el auto donde las estimulaba sexualmente, las encerraba y les decía que ellas en realidad lo disfrutaban pero que no se lo estaban permitiendo y que cuando se liberaran iban a poder ser mejores actrices”.
 
Cabe consignar que el tema de los derechos humanos, no su práctica por supuesto como le pasa a la mayoría de sus cultores, fue una preocupación constante de Porrro quien también protagonizó otra película titulada “Ni Vivo ni Muerto” filmada en el año 2002. También en otro tema recurrente del marxismo, la apología de un vulgar delincuente enmarcándolo como un luchador social, “Bairoletto, la aventura de un rebelde”, en 1986.
  
A pesar de las múltiples denuncias se habría cubierto a Porro con un manto de total impunidad permitiéndole proseguir en la docencia, hasta llegar a nuestros días con un presunto caso de envenenamiento en la Escuela Comercial 13 de Villa Ballester.
 
Evidentemente Porro gozó de protección oficial, no se podía dar a publicidad que el protagonista de “La Noche de los Lápices” no era un mero actor. El poder ha dado al terrorismo impunidad ¿Por qué será que a nadie se le ocurrió hacer una película sobre la realidad filmando el asesinato de la hijita del Capitán Viola efectuado por el ERP o el de la niña Paula Lambruschini por Montoneros? ¿Es que no hay subsidio económico del Estado para estos temas?
 
¿Será por que los asesinos de estas inocentes niñas acaso hoy son ministros, gobernadores, legisladores, jueces o importantes periodistas?
 
Fernando José Ares
Fuente: Ámbito Financiero – Radio América
 

lunes, 1 de diciembre de 2014

Aviso

   
Queridos amigos:
El jueves 11 de diciembre,
a las 19:00, en Junín 1063,
presentaré un nuevo libro titulado:

LA DEMOCRACIA:UN DEBATE PENDIENTE.
Respuesta al Dr. Héctor Hernández.
  
Buenos Aires, Ediciones Katejon,
447 págs., vol. I.

La presentación estará a cargo del Dr. Jordán Abud.

Ese día la obra se venderá a un precio promocional de $ 180.
Para quienes no puedan asistir
y estén interesados en adquirirlo,
deben comunicarse con:
ventas@buencombate.com
o a los siguientes tel.:
Carlos José Díaz: (011)15-6133-4150;
Romina Ayala de Díaz: (011) 15-6237-5117;
(011) 2071-3974 (después de las 17 :00).
 
Asimismo, el libro estará a la venta en diferentes librerías,
sobre las que iremos informando a los interesados.
 
El día de la presentación, Ediciones Katejon
ofrecerá también a precios promocionales
sus títulos anteriores:
Notas sobre Juan Manuel de Rosas
 y Fidelidades, ambos de mi autoría.
 
Mucho les agradecería su asistencia a la presentación
y, sobre todo, la difusión de la noticia.
 
Un abrazo en Cristo y en la Patria
ANTONIO CAPONNETTO

jueves, 27 de noviembre de 2014

Prontuarios

UN PRÓCER PERONISTA
   
UN CURRICULUM LLAMATIVO
 
Acá trataremos de un personaje ilustre: José Luis Manzano, alias “Chupete”, y más familiarmente, “Cototo”.
 
Mucho más joven que yo (nacido en 1956), comprovinciano mío (nadie es perfecto), se destacó como Ministro de Interior del presidente Carlos Menem (1991-1992). En un corto lapso, con el auxilio de su edecán el “Chueco” Masson, se hizo célebre en el gran público por sus afanes administrativos. Ímproba labor que —dicen— lo llevó a pronunciar una frase de antología: “Yo robo para la corona” (mito de la corrupción menemista).
 
Antes de eso había brillado en la Cámara de Diputados de la Nación (1983-1991). Había integrado el ala “reformista” del peronismo (que, como es sabido, tiene alas de todos los colores, como una mariposa), con Antonio Cafiero, pero, siempre ágil, pronto se registró en el libro de pases en el equipo del por entonces patilludo y riojano candidato presidencial. Como parlamentario había adquirido fama por su proyecto de declarar el 11 de octubre como el “Último día de la Liberación de América Latina”. Pensé entonces que él encabezaría la protesta mapuche. Sin embargo, la mención a Vespucci (“América”) y al Lazio, cuna de la romanidad (“Latina”), descartaba la relación con “los pueblos originarios” (para llamarlos de algún modo).
 
Por otra parte, me acordé que los indios (la gente que vivía detrás del Islam, según los europeos) no tenían rótulo para designar el continente donde vivían. “Chupete”: ¿sería italiano? ¡No! Si no en vez de Manzano, sería “Melo”…, pero la duda me quedó. En lo que sí estaba firme era en su “liberacionismo”. En la década de 1980 a 1990 presidió en Mendoza las diversas comisiones de auxilio a los chilenos castristas que, por fuerza mayor, se exiliaban tras los Andes. “Cototo” era un médico joven, insigne luchador por los derechos humanos de los marxistas en apuros. Siendo diputado consiguió para su esposa de otrora, una maestra, un préstamo hipotecario, de bajísimo interés, de esos que otorgaba otro joven político que prometía mucho, el platense Carlos Raimundi (que de alfonsinista ha pasado a kirchnerista, de la Coordinadora a La Cámpora, y que en 1994 fue becado por el Consejo Británico para investigar en Inglaterra), que dio que hablar a los mal pensados.
 
Bien. Pero aquello había pasado a la historia. En 1993 ya era un snob que se vestía con un “enterito” anaranjado y se operaba las nalgas para levantárselas un poco. Con los dinerillos ahorrados durante su gestión menemista se autoexilió, no en Cuba —como alguien hubiera supuesto— sino en los Estados Unidos. Allí permaneció dos años (1991-1993), intensa e intelectualmente proficuos. Se inscribió en la Universidad de La Jolla, próxima a San Diego, en California, y después en la de Georgetown, de los jesuitas, en Washington. ¿Qué hacía “Chupete” en una de las universidades más caras de USA y en un selecto instituto clerical…? No se sabe bien qué es lo que había estudiado. Lo cierto es que en esos am-bientes obtuvo muy buenas conexiones económicas, que desembocaron en Florida —“flórida”, dicen los bobos que se acoplan a la pronunciación anglosajona, ignorando que Hernando Soto la bautizó así por la Pascua Florida de Resurrección—. En “flórida” —por esa época paraíso del “déme dos” de los turistas argentinos, aquellos que decían “Ver Orlando y después morir”— se asoció con Jorge Mas Canosa, líder de los cubanos escapados del edén antillano. De nuevo, los mal pensados, dijeron que más que con los cubanos fue con los colombianos con quienes trabó amistad “Chupete”.
 
Lo cierto es que, añorando el dulce de leche, el mate amargo y el choripán, retornó a la Argentina. Volvió al país, pero no a la política partidaria. Ahora, en 1994, Manzano se convirtió en “empresario”. Al principio, con cierta timidez. Se asoció con Daniel Vila —¡gran valor!— en el “Grupo Uno”, cadena que ha llegado a contar con cuarenta medios de comunicación, y en su colateral, el “Supercanal”.
 
Empero, Manzano era un socio oculto de Vila. También comenzó a comprar viñas en su Tupungato natal (hoy posee 1.533 hectáreas plantadas, en una zona donde cien hectáreas sobran para vivir con holgura). En los mentideros de aquel tiempo de “asomo”, diríamos, se comentaba el caso de un sujeto que había servido de “palo blanco” a “Chupete”, y que al divorciarse, pícara, la mujer le exigía la mitad de la plantación. Pues, la fulana habría recibido la visita de dos matones que, junto con unos pocos pesos, le dieron un adelanto de lo que le podría suceder si insistía en su extorsión. En fin, era un período de oscuridad, que por suerte, pronto se superó.
 
Después, Manzano constituyó el Grupo Vitivinícola de Tupungato, con su bodega “Altus”, que elabora un millón de litros. Inauguró el restaurante “La Tupiña”, en Guatallary. En Mendoza se hizo socio de la compañía eléctrica estatal EDEMSA, al tiempo que intervenía con “Andina S.A.” en “Hidroeléctrica Ameghino” en Chubut. Participaba en la firma Ketsal y Kilwer; y su sociedad con Vila se hacía cargo de “América TV”. Esta actividad mediática ha sido excelente, pues ha contribuido a borrar acusaciones infundadas, como la de haber recibido coimas en la así llamada “tangente italiana”. De vuelta me asaltó la pregunta: ¿sería italiano Manzano?
 
De mata en mata y de salto en salto, nuestro empresario —que, ¡ojo! nunca ha dejado de ser peronista, es decir, se dedica a “combatir al capital”— se lanzó al campo petrolífero. A ese efecto, constituyó “Andes Energía”, en el 2007, con otros socios (su abogado Jorge Aidar Bestene, Luis Nofal y Alfredo Vila).
 
Tal el llamativo “curriculum” empresarial del antiguo militante de izquierda.
 
 
MATANDO VACAS EN LONDRES 
  
Acerca de “Andes Energía” escriben en la revista “Noticias”, de Buenos Aires (15 de marzo de 2014, pág. 31) que es una compañía pública que “cotiza en la bolsa de Londres y con la que se presentaron a licitación en México. También tienen presencia en Colombia, Paraguay, Venezuela y Argentina”. En total, facturó el año pasado 1.490 millones de pesos. Tienen además el 10 % de Metrogás. “Teníamos una opción de compra por el 51 %, pero el Estado tenía un derecho de preferencia. Se la terminó quedando YPF por un valor muy bajo”, explica.
 
Pero el negocio alcanzó para acercar a José Luis Manzano otra vez al poder. Fue Sebastián Eskenazi, ex CEO de YPF, el que lo invitó a un acto de la petrolera. Allí se produjo el encuentro con Cristina, pocos meses después de la muerte de Néstor. “Fue muy emotivo, se abrazaron y le dio sus condolencias. Ellos tenían una vieja relación de cuando José Luis era ministro del Interior. Cristina le pidió verlo, que fuera a Olivos a hablar”, relata Vila. “Desde entonces, Manzano fue un invitado de lujo en distintos actos oficiales, siempre en primera fila después de años de ostracismo por ser considerado un emblema menemista”.
 
Menemista-kirchnerista. Son minucias. Manzano no es ya más un simple partidócrata; él es un empresario de “status” internacional. Eso es sabido. No cabe, pues, asombrarse con sus actividades.
 
Sin embargo, el 6 de marzo del corriente año, leí en un diario de Mendoza, algo que me pasmó. Era una recensión de un artículo de la revista londinense “Bloomberg Markets”, titulado “Argentina oil´s bonanza helping too few led by political friends” (“La bonanza argentina del petróleo ayuda a unos pocos amigos políticos”). Allí se señala que una empresa titulada “Ragusa” se ha quedado con treinta y tres concesiones petrolíferas en la Argentina. Aseguró a Bloomberg Germán Ranfil, quien desde hace quince años acompaña a Manzano en sus diversos emprendimientos. También, Ranfil es: “el artífice de los acuerdos firmados con YPF por los cuales Andes no pone un centavo de inversión y obtiene ganancias, si YPF encuentra petróleo. El cerebro detrás de la conformación de Andes Energía y la obtención de nuestras concesiones es Manzano, dice Ranfil, quien ahora es gerente financiero de Andes, en el artículo de la revista”.
 
Resulta que la empresa “Ragusa” estaba en quiebra, Manzano la compró barata, pagando con acciones de Andes. Continúa informando Ranfil. Así dice que:
 
“Andes ha firmado acuerdos con YPF para desarrollar 15 de sus 33 áreas. En todos sus acuerdos, Andes pone sus campos, YPF la inversión inicial y Andes le devuelve el 30 por ciento de la inversión con el petróleo que se obtenga, sólo si se obtiene petróleo. Manzano es líder de uno de los siete grupos de ex funcionarios y miembros del partido gobernante peronista que han ganado un pedazo de las riquezas energéticas del país”, informa Bloomberg.
 
La palabra “leonino”: ¿algo tendrá que ver con lo antes descrito?
 
Anota la revista Bloomberg Markets otro problema conexo:
 
“Los acuerdos entre YPF y las empresas controladas por Manzano, luego compradas por Andes (Kilwer y Ketsal, entre otras) fueron en su mayoría firmados en 2011, cuando YPF era controlada por Repsol y su CEO era Sebastián Eskenazi. El titular de YPF, Miguel Galuccio, quien no revisó los contratos, declinó hacer comentarios para el artículo, según la revista.
“También con Kilwer y Ketsal se adjudicó la explotación y comercialización por veinticinco años de potenciales áreas petroleras en la provincia de Córdoba.
“Manzano declinó repetidos pedidos de entrevista de Bloomberg pero habló a través de su abogado Dominic Crossley, un socio del estudio jurídico Collyer Bristow, con sede en Londres, asegura que Manzano ha visitado a todos los presidentes de los últimos treinta años, incluidos Néstor y Cristina Kirchner. Y revela que su cliente se ha reunido con Galuccio”.

 
La revista británica, pasa a considerar otras cuestiones vinculadas al negocio de Manzano, especialmente referidas al área de Vaca Muerta:
 
“Entre otras concesiones, Andes tiene derecho para explorar en 860 km2 dos áreas de Vaca Muerta. Sus acciones en la bolsa de Londres casi se triplicaron, saltando de 22 libras a 70 en diciembre pasado, cuando anunció que su acuerdo con YPF para desarrollar Chachauén, Mendoza, comenzaba a mostrar resultados prometedores. Ayer cerraron a 62 libras”.
 
Bloomberg Markets en su muy extenso artículo, se ocupa de otros casos de negocios petrolíferos, que también son “amigos del poder”. Por ejemplo, el de Daniel Peralta (ex integrante del directorio del Banco Central) y su esposa Laura, quienes compraron una empresa Delta, en quiebra, para trabajar áreas en Salta. Este asunto terminó muy mal. En noviembre de 2012, en su casa de Arizona los Peralta fueron hallados muertos. “Peralta mató a su esposa y luego se suicidó” (“Los Andes”, 6 de marzo de 2014, p. A-3).
 
Es de esperar, que “Chupete” Manzano y su actual esposa, Teresa Jordán, no se vean enfrentados a situaciones como las que vivieron los Peralta.
 
Bien. La crónica de la revista londinense, con escasísima difusión en el país, es la que nos ha movido a redactar esta nota.
 
Antes de terminar, queremos asentar un “mea culpa” personal. Varios amigos nos decían que Manzano se llamaba “Apfelbaum”, porque era judío. Yo lo negaba, porque, decía, este sujeto era hijo de un hombre humilde de Tupungato. Pues, resulta que ahora abro Wikipedia [es.wikypedia.org/wiki/ Jose_Luis_Manzano_(empresario)], y leo: “Manzano, José Luis; religión: judía”. Perdón por haber estado engañado.
 
De todas maneras, ahí queda la silueta de este prócer peronista. Hay que ir pensando en la estatua (tal vez para ponerla en el lugar donde estaba la de Colón, por aquello del “11 de octubre”). Eso sí, frente a la futura avenida Néstor Kirchner (ex Paseo Colón y Leandro N. Alem).
 
 
Enrique Díaz Araujo
 

domingo, 23 de noviembre de 2014

Editorial del Nº 110

LA IDIOTA
 

Si de alguna precisión terminológica nos valemos, la palabra idiota tiene la suya, y se remonta a las fuentes lingüísticas de la vieja Hélade. De acuerdo con las mismas, parece ser que el término comenzó designando al sujeto egoísta, en quien los negocios particulares superaban a las preocupaciones por la polis o simplemente por el prójimo. El provecho privado era el centro de sus intereses y el bien común le era ajeno.

El idiota, en suma, resultaba ser un ignorante de lo esencial y un desdeñador de lo perenne; y resultaba a la par, y en consecuencia, un espíritu tosco e indocto apegado a las satisfacciones de sí mismo y al mundillo de lo trivial. Era, además, no propiamente un iletrado, pero sí un personaje impío cuanto plebeyo. Su peligrosidad —evidente otrora y ahora— se acentúa y se subraya si por algún arcano el idiota pasara a ocupar funciones o cargos de pública responsabilidad.

Encabalgada en la semántica, la psicopatología hizo lo suyo, llamando idiota al que padece un retraso mental, con otros tristísimos rasgos asociados: la desmemoria, el enanismo y el cretinismo, por citar los más desgarradores y también los más simbólicos. No hizo falta que el vulgo leyera a los grandes tratadistas de semejante mal para aplicar el término a quien popularmente cuadrara, según el sentido común. Pero por si acaso todo el mundo creyera saber lo que es un idiota, no está de más recordar estas precisiones que proceden de la política primero y de la ética y la psiquiatría después.

Se hacía necesario el introito, porque a raíz de que el abyecto Mauricio Macri premiara como personaje destacado de la cultura a un multimediático degenerado, otro de su misma laya —con diferencia de crines y de lípidos, conste— ha invitado a un colectivo rasgamiento de vestiduras aduciendo que se premiaba a la idiotez; y que él —como filósofo oficial del kirchnerismo— no lo podía permitir sin imprecaciones y vagidos múltiples. El espectáculo protestatario de José Pablo Feinmann, el zaparrastroso sofista cristínico, desgranando sus lamentaciones ante el vejamen al pensamiento que acababa de perpetrarse, compitió en paridad de impudicia con el bailongo de la gárgola, cuya especialidad convirtió en denostable premiado a quien hasta ayer nomás era un socio activo y rentable del modelo nacional y popular. Dos obscenidades confrontaban así su valía, en una puja de testas que semejan trastes y de glúteos que ofician de mollera.

Lo cierto es que, por el camino trazado por las nobles etimologías, nada más idiota que este gobierno y la señora que lo encarna y ejecuta. Hundir a la patria en el flagelo de la inseguridad y de la indefensión; humillar su señorío económico formando parte activa y lacayuna del mismo buitrismo que se declama combatir; perseguir a la fe católica y adulterarla luego en un trasvasamiento papolátrico oportunista; distorsionar el pasado y envasar al vacío la realidad presente; enajenar la soberanía política en un alineamiento atroz con el castro-chavismo; promover la contranatura del modo más insistente y aborrecible; fomentar la inmoralidad de las costumbres, arrancar los últimos vestigios del derecho natural y cristiano, propender a la guerra social continua, abrir las puertas a los delincuentes y encerrar de modo inicuo a los que combatieron al marxismo, sin más distinciones que las antojadizas sentencias de jueces serviles; glorificar al terrorismo setentista, trocando en próceres a los homicidas seriales; todo esto y un larguísimo recuento de iniquidades que podrían seguirse sin pausas, no constituyen lo peor del kirchnerismo.  Lo que es mucho decir.

Lo peor —y he aquí el por qué llamamos con propiedad, idiota, a quien tamañas ruindades moviliza— es que estas desventuras públicas ilimitadas corren paralelas al enriquecimiento privado, al beneficio familiar, a los privilegios parentales, a las prebendas repartidas entre hijos y entenados, al latrocinio insaciable, al éxtasis de las cajas fuertes acumuladas en las mansiones del clan, a incontables actos de piratería consumados para la propia corona: la de la dinastía Kirchner, de la que algún día, no muy lejano, los verdaderos historiadores usarán inexorablemente como sinónimo de rapiña, codicia y estafa.

Ya que a los griegos mentamos en el origen de estas líneas, con los griegos cerremos. Del canto noveno de la “Odisea” es la referencia a los lotófagos, o comedores de loto; un pueblo desdichado del nordeste africano que por tener al mencionado alimento como ingesta excluyente había terminado por perder la memoria. Lo peor es que los hombres de Ulises, a fuer de compartir tan irrecomendable vianda, acabaron por olvidarse hasta de la misma patria a la que regresaban y del deber del retorno anhelado; si bien pronto halló el héroe cómo paliar tamaña amnesia, con la fuerza de su mando justiciero. También Herodoto, en el libro cuarto de sus “Historias”, refiere la existencia de esta raza dada al olvido y al exilio de la retentiva.

Que no nos suceda lo que a los lotófagos. Guardemos en la memoria los males de la idiotez hoy dominante y devastadora, para impedir que se repitan y, si fuera posible, para ponerles bozal y freno. Guardemos a la par en la memoria todo aquello que merezca ser evocado y convocado, por la potencia de su espíritu verdadero sin mancilla, y bueno sin fisuras y bello sin máculas ni arrugas. Entonces, como Ulises y sus navegantes, hallaremos el camino de regreso que conduce a la patria postergada.

Antonio Caponnetto

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Aviso

20 DE NOVIEMBRE:
EN EL DÍA DE LA SOBERANÍA,
APARECE “CABILDO”
   

  
 — Se ruega difundir —
 

Cantando he de llegar al pie del Eterno Padre

ANTE EL DÍA DE LA SOBERANÍA


mazurca.mp3

martes, 18 de noviembre de 2014

Cartas de Lectores


REPRESIÓN Y REPRESORES
 
 
Estimado señor Antonio Caponnetto:
 
En estos dos meses, octubre y noviembre, año 2014, he enviado dos cartas, una a “Clarín”, otra a “La Nación”, con el mismo título: “¿Que hará el gobierno?”, que no merecieron ser publicadas, a pesar de mis pedidos al respecto.
 
Yo soy inmigrante esloveno y fui el 27 de mayo del año 1945 (ya terminada la segunda guerra mundial) como integrante del Ejercito Anticomunista Esloveno, engañado, traicionado y entregado a las tropas titoístas por los supuestos aliados británicos, que entonces ocupaban la región Carinthia de Austrisa. Aquella traición significó una exterminación brutal, ya que casi todos los integrantes de ese Ejército voluntario anticomunista fueron masacrados, la mayoría en el mes de junio de ese año, en los bosques eslovenos, y tirados a las cavernas subterráneas o sepultados, algunos vivos, en las minas abandonadas.
 
Hoy día, en la República de Eslovenia están registrados ya más de 600 lugares de estas matanzas masivas, cometidas por los rojos. Sí, por los ROJOS.
 
Con lo dicho entenderá mi reacción irónica frente a los así llamados represores, de distinta proveniencia y de distintas épocas, en mi querida tierra adoptada. Y que da lugar para reírse de esos famosos defensores de la democracia, entre los cuales pretenden encontrarse, si bien cabizbajos y achicados, los dueños de “Clarín” y de “La Nación”.
 
Reciba mis saludos muy atentos.

Albín Magister
 
Pdta: Abajo va la carta.
 
 
En el “Clarín” del día de hoy, 25 de octubre de 2014, página 3, y en la columna “Semáforo” de Gonzalo Abascal, leí bajo el título “Represión para todos”, una noticia, que últimamente se repite, y nos informa de “la represión con palos y gases”, por la policía, a integrantes de una cooperativa y que parece coincidir esta actitud de la policía con la opinión del secretario de seguridad, señor Sergio Berni. Al respecto me permito, con la seguridad de ver impresa mi opinión en este diario, hacer una pregunta a las AUTORIDADES: ¿qué piensan hacer con estos REPRESORES evidentemente infiltrados en la policía? ¿Es que no aprendieron nada de las épocas pasadas? Y algo más: me permito recomendar a la dirección de “Clarín”, o a alguno de sus periodistas, que se expresen al respecto.
¡Saludo atentamente!
Albín Magister
 

viernes, 14 de noviembre de 2014

Eclesiales


A PROPÓSITO DEL
“CASO ANGELELLI”
 
En general, todos los argentinos contestarían igual si le preguntasen por el origen de la fortuna K, aunque lo hicieran desde distintos puntos de vista: con aplauso aquellos K creen que hay que aprovechar cualquier oportunidad para quedarse con lo ajeno; con envidia, otros que no tuvieron esas oportunidades que brinda el Poder Ejecutivo; y con reprobación las personas decentes.
 
Es típico de los piojos resucitados, cuando ascienden a puestos expectables, hacer quemar incienso a los chupamedias o pelotilleros, como imaginan falsamente que harían los nobles de sangre o los conquistadores, porque no se les ocurre que el poder pueda ser para otra cosa que usufructo personal. (No está demás recordar que, con ocasión del primer gobierno elegido por sufragio universal en 1916, se popularizaron las expresiones “genuflexo” y “adulón”, más castizas que el lunfardo “chupamedias”).
 
Y si preguntamos por Boudou, cabeza del Legislativo (digo “cabeza”, no en el sentido intelectual, sino porque lleva pelo), la respuesta estaría matizada entre la indignación de muchos y las carcajadas de burla de los legisladores, haciendo pito catalán a la decencia.
 
Pero es de justicia reconocer que no se quedan atrás algunos de los Jueces o magistrados del Poder Judicial, para completar las pruebas de que, al menos entre nosotros, democracia es corrupción. Y para eso se hizo la Constitución… si no, ¿para qué? Como denuncia Martín Fierro, no se hizo para felicidad del pueblo argentino, pero sí para provecho y fiesta de los magistrados, como el primer presidente, que se coronó —dicen— el hombre más rico de Sudamérica.
 
La política de inclusión, también incluye a esos jueces que inventan crímenes inexistentes para condenar patriotas, aunque no sepamos qué ganan con eso. Francamente, desconcertante: si de los 30.000 desaparecidos, la CONADEP reconoce a unos 8.000 muertos por los militares durante la guerra, los otros 22.000, ¿fueron asesinados por la troupe “Bonafini y sus Madres de la Plaza…”, que difundieron la cifra? Porque está claro que, si Monseñor Angelelli no murió en un accidente, lo mataron los jueces 38 años después.
 
Yo no sé, no lo termino de entender. Porque si las cuentas del enriquecimiento ilícito y las de los desaparecidos son creíbles, ha de ser porque el CONICET habrá creado una aritmética nueva, para gloria de los científicos matemáticos K.
 
Lo que sí sé, es que a fines de los años ’60, tenía un alumno protegido por los presbíteros Erio Vaudagna y “El Gato” Rivarola, que parecía enfermo de monomanía y sólo hablaba de las masas explotadas y oprimidas y de opresores, etc. De todo Marx, era lo que había entendido. Pobre, se llamaba Miguel Ángel Barrionuevo, y salió en los diarios cuando lo llevaron a un hospital riojano, herido en un campo de entrenamiento guerrillero, por lo cual la policía lo detuvo. Pero lo liberaron, bajo la palabra del Obispo Angelelli, de que no era guerrillero sino que había sido herido estando ambos en una partida de caza. Lo que no me consta, es que sea auténtica la fotografía del Obispo Angelelli celebrando misa en un altar con las insignias de Montoneros, aunque dicen que apareció en un diario de ellos.
 
Y en 1971, si no recuerdo mal, los titulares del vespertino “Córdoba” anunciaban “OCHO BOMBAS EN EL PALACIO DE JUSTICIA”. ¿Quién las había colocado y, una vez apresado, las localizó para que la Brigada Anti explosivos las desactivara a tiempo? (O sea que sabía perfectamente dónde las había puesto). Pues, ¡Miguel Ángel Barrionuevo!
 
Unos años después, un día, el oeste de la ciudad de Córdoba quedó incomunicado con el centro, porque sobre puente en el cruce de la Ruta 20 y el Canal Maestro Sur, se libraba una batalla entre fuerzas terroristas y la Policía Federal. Después, me dijo un colega, que uno de los muertos era Miguel Ángel Barrionuevo, amigo, compañero de cacerías y protegido del Obispo Angelelli.
 
Hay que rezar también por la conversión de esos jueces, con oraciones inclusivas, agregándolos a las extensas enumeraciones de los gobernantes ladrones, cuando se reza por los enemigos. Que Dios les permita arrepentirse y los perdone, si ellos le piden perdón e indemnizan a los encarcelados injustamente. Y a los otros, previa restitución de lo robado.
 
¿Y, no sería posible, que Dios permitiera al fantasma del Obispo Angelelli, aparecerse a esos jueces para que se arrepientan de haberlo asesinado en los papeles, a fin de condenar militares inocentes de ese crimen? Siendo tan bueno, ¡cómo no los ayudaría a arrepentirse!
 
Y así también nos ayudaría a librar la Patria de corruptos poderosos. Amén.
 
Marcial Castro Castillo