sábado, 16 de agosto de 2014

Análisis


DILEMA MORTAL:
FICCIÓN O REALIDAD,
DEMOCRACIA O POLÍTICA
 
 
Nuestra humana capacidad cognoscitiva (la inteligencia, e incluso los sentidos) es un insondable misterio. Es la que nos puede hacer bucear en profundidades invisibles, pero es también la que podría lograr que, aún teniendo delante la evidencia, no veamos. Es, en fin, la protagonista de la mística pero también del ilusionismo.
 
Hoy nuestra Patria (y tal vez el mundo entero), más allá del patente derrumbe moral, está inmersa en un inédito oscurecimiento de la inteligencia. Somos —o estamos— trágicamente estultos.
 
Se trata de un programado y sostenido “problema gnoseológico” o —dicho de modo más simple— de lisa y llana deformación doctrinaria. La inteligencia, que debiera ser testigo insobornable de la verdad, está permanentemente distraída, engañada, ebria. Algo así como una arquitectura mental de idiotas, lo cual —entre otros resultados— conduce a renegar de los dogmas y de la fe, a favor de un escepticismo que no se sustenta y que se defiende —vaya paradoja— dogmáticamente.
 
Inmersos en esta contracultura, qué sea opinión y qué dogma de fe ha llegado al límite de lo inimaginable. Es que forma parte de los frutos podridos de la revolución cultural: cuando se relativiza lo absoluto, se termina absolutizando lo relativo.
 
Dios ha sido expulsado tanto de la vida social como individual, y la verdad bastardeada. ¿Quién dictamina entonces qué es lo opinable y qué lo dogmático? La democracia. Este dios multiforme sobre lo cual nada existe, a cuya sola mención debe reclinar la cabeza todo viviente. Pero no perdamos tiempo y vayamos a lo esencial: ¿qué es la democracia? Es el gobierno del anonimato, la ley del número, la manipulación por parte del poder internacional, la trágica soberanía del pueblo, la tiranía de la partidocracia, la primacía de la propaganda, el arte de alcanzar el poder —como sea— y permanecer en él —a cualquier costo—. Hoy no hace falta ser católico nacionalista para certificar esta definición. Tal vez sí haga falta serlo para llegar a las verdaderas raíces del problema.
 
Pero parece que, contra los principios y contra la misma evidencia, la fiesta debe continuar.
 
¿Cuál es la legitimidad de la voluntad popular, cuando todos sabemos que es una caricatura de la participación orgánica y de la responsabilidad cívica —además de constituir en primer lugar una grave afrenta a la autoridad divina—?
 
¿Qué es la supuesta representación política de los partidos, cuando no hay nada más distante de la búsqueda del bien común que los intereses de las partes?
 
¿Qué es el sufragio universal y el criterio de la mayoría, cuando es escandaloso el “mapa estratégico” que diseñan las usinas del poder para rejuntar boletas y convocar sufragantes (sabios e ignorantes, aptos e ineptos, probos y pervertidos e incluso vivos y muertos, todos sin ninguna distinción)? ¿Decimos algo novedoso al recordar que las elecciones se ganan en zonas claves, donde con premura se realizan dádivas unos días antes de los anhelados comicios?
 
La democracia no se cura con más democracia, porque a la enfermedad corresponde un antídoto. Para comprometerse en serio en la búsqueda conjunta del bien común hay que desenmascarar el sufragio universal y la soberanía popular. En este caso, como en tantísimos más, los ejemplos sobran: para repartir beneficios y prebendas, son selectivos y “aristocráticos”; para promover la falacia de las urnas como sacrosanto deber cívico, son universales e igualitarios.
 
¿Qué pasa cuando se exacerba el anonimato, la demagogia, la cuantofrenia? Pasa lo que hoy tenemos.
 
Pero volvamos al “problema gnoseológico”. Estamos subvertidos. ¿Cuáles son entonces los dogmas de la democracia? Son ideas-fuerza y números, de fácil acceso y memorización por parte del “pueblo”: nadie tiene la verdad, todo es plebiscitable, ser “democrático” es la mayor bondad que pueden tener los seres, todos pueden aprender (maravilloso decreto del ministerio de educación que ha cambiado de raíz la cultura de la nación… en sus estadísticas), treinta mil, 54% (número talismán si los hay), etc. Por el contrario, ¿qué es opinable?: el asesinato de inocentes, la gravedad de una profanación, la necesidad de Dios en los hombres y los pueblos, las muestras blasfemas, el falso ecumenismo, la constitución de la familia, que un maricón pueda impartir justicia, que un político ladrón deba pagar un delito, y un larguísimo etcétera.
 
El dogma democrático se ha convertido en una especie de anteojera encarnada que garantiza la estupidez del ciudadano.
 
Pregunto: ¿habrá posibilidad de ver y pensar las cosas a la luz de otra categoría que no sea este sempiterno mito del sistema? ¿Se podrá utilizar el sentido común, la vista y la sesera sin partir del gran apriorismo de la modernidad?
 
¿No es sospechoso que se pueda objetar todo, absolutamente todo —la legitimidad del aborto, la autoridad paterna, la inocencia de los niños, el celibato sacerdotal— menos un supuesto modo de gobierno —en el mejor de los casos, porque así planteado ni siquiera es tal—?
 
Aún los bienintencionados se han acostumbrado a combatir aceptando el lenguaje y los presupuestos falaces del enemigo. ¿Quién no ha oído al pasar la nostalgia de “una Patria mejor”? Hasta acá estamos de acuerdo. Pero en lo inmediato comienza el virus mental: se puede discutir si esa “Patria mejor” será cristiana o agnóstica, si será soberana o plebeya, respetuosa del orden natural o positivista. Pero eso sí: no se puede discutir deberá ser democrática. Como si la democracia fuera al orden social más íntimo que los trascendentales del ser a la realidad. Qué fino trabajo han hecho en nuestras cabezas. Como decía Chesterton: “todos nos damos cuenta de la locura nacional, pero ¿cuál es la cordura nacional?” No estar en condiciones de responder forma parte de la revolución cultural. Hace ya casi cuarenta años, con voz clara, dolorida y profética, decía nuestro Jordán Bruno Genta:
 
“La falsificación liberal y masónica de la historia nos hace perder el sentido verdadero de la Patria y nos precipita en su confusión jacobina con la democracia; servir a la Patria es servir a la democracia; esto es, a la soberanía popular, a las mayorías accidentales, al poder ciego del número abstracto y vacío”.
 
Para las leyes y medidas del sistema, para avanzar en la tiranía con maquillaje liberal en la que estamos sumidos, se ha desestimado el sentido común, la evidencia empírica, el dato científico, el buen gusto, la Santa Religión, la cuestión moral. Todas y cada una de estas categorías han sido burladas.Todo se ha pisoteado, todo menos el sistema, todo menos el entramado maquiavélico que se ha convertido, a simple vista, en el verdugo de la Patria. No nos pueden correr con falsas disyuntivas, ni con un lenguaje anfibológico, ni con la inquisición reinante. Estamos inmersos en una pesadilla y la terapéutica inicial es despertarse.
 
Lo virtual es la democracia y los presupuestos falaces sobre los cuales se asienta. Por eso, el estado no gobierna. Hace propaganda. No arregla las calles ni soluciona los verdaderos problemas —ni los chicos ni los grandes—, sólo pega afiches y diseña cortos publicitarios. Porque eso es la democracia. ¡Si tan sólo volviéramos a la Concepción católica de la política, del querido padre Julio Meinvielle!
 
¿Qué es lo real? Lo real es el saqueo, la injusticia distributiva y la usura, las leyes infames y que los terroristas siguen en el poder. Ciertamente, no se trata de reducir la comprensión a un mero empirismo fenomenológico y menos aún de ceder a la validación del pragmatismo en la política. Pero difícilmente podremos llegar a conclusiones realistas y completas si el inicio, que es la simple observación del hecho, está falseado. Dicho para los jóvenes en lenguaje cibernético: el sistema es un mundo virtual engañoso (una parodia de la autoridad, del servicio, de la participación, de la justicia) pergeñado por perversos (en permanente perfeccionamiento maquiavélico) con fines perversos.
 
A los más chicos podríamos reclamarles que pierden demasiado tiempo con los celulares, computadoras y demás artificios que los sumen en un mundo de dudosa solidez ontológica. A los adultos, por su parte, les reprochamos estar trágicamente ligados a conceptos que no tienen más entidad que el ruido al pronunciarlos: soberanía del pueblo, consenso social, voluntad popular, convivencia democrática.
 
El dogma democrático —como toda ideología— es una pesadilla, un espejismo, una ilusión, un desquicio, una farsa. Hay que oponerse a la ideología con acciones reales, y no con más ficción. Estamos desquiciados, pero esta alienación no es una alteración ni un desmadre, no es un traspié del sistema: es el fruto natural de la ideología reinante. Los argentinos hemos perdido la noción de realidad y hemos aceptado el espejismo y lo virtual como morada.
 
El seudo realismo del sistema y de la dupla KK es el histrionismo de las lágrimas, la devoción por las estadísticas, el control obsesionado por los medios de comunicación. El realismo del nacionalismo católico debe seguir siendo en su ideario el testimonio con la palabra, las obras y la sangre.
 
Como un misterioso juego de opuestos, como símbolos a contrapunto, hasta en las dos muertes paradigmáticas, en una misma fecha, se puede ver este antagonismo: en torno al sorpresivo final de Néstor K todo es turbio —como su vida—, oculto, dudoso, encriptado. Sólo sospechas y suposiciones. Hasta el extremo de haber quedado en la sociedad la extraña inquietud de no haber sido víctima —ante las imágenes fúnebres— de una estafa más.
 
En las antípodas, el martirio de Jordán Bruno Genta fue sereno presentimiento, cristiano anuncio y patriótico legado. Fueron balazos en el pecho, a la luz del día. Fue persignación y rostro en tierra, en vísperas de la Santa Misa. Así de opuestos, así de incompatibles. Así es la democracia. Así es la vocación política.
 
No creo en el sistema, por dos motivos: primero porque no me merece ninguna credibilidad.  Y segundo, porque se cree lo que no se puede ver, y acá no estamos ante un misterio ni ante un dogma de fe (mal que le pese a los custodios de lo políticamente correcto). Tenemos motivos para creer que en la Patria volverá a reír la primavera, no por nuestro eventual voluntarismo sino por la intervención divina, por la acción de la gracia, por el milagro.
 
Cuando la Patria renazca, el nacionalismo católico tendrá la alegría de recordar que no aceptó el silencio cómplice ni rindió pleitesía al pensamiento único. Que el Señor de las Victorias decida nuestros destinos, y que por su gracia, cuando nos llame, nos encuentre combatiendo.
 
Jordán Abud
 

lunes, 11 de agosto de 2014

Aviso - invitación

    
Martes 12 de Agosto, 19:00.

 

Día de la Defensa y Reconquista

de la ciudad de la Santísima Trinidad

y puerto de Nuestra Señora de los Buenos Aires

(Rendiremos Homenaje)


 

Presentación del libro
de Cristián Rodrigo Iturralde

 

“1492, Fin de la barbarie, comienzo

de la Civilización en América”

 


Oradores:

Dr. Antonio Caponnetto

Prof. Cristián Rodrigo Iturralde

 Lugar:
Colegio de Abogados de la Capital Federal 
Montevideo  Nº  640  -  CABA

sábado, 9 de agosto de 2014

Ni en sueños

PERÓN VUELVE 
    
“Pensaba que era locura, pero empiezo a temer que sea ignominia”

(R. L. Stevenson)   
     

Desde ha­cía tiem­po el ge­ne­ral ve­nía en fal­sa es­cua­dra, y era evi­den­te có­mo día a día, se en­tre­ve­ra­ba más en el pe­lo­tón K.  Has­ta que fi­nal­men­te, el ge­ne­ral aban­do­nó las úl­ti­mas lí­neas y pe­ne­tró con in­sig­nias y uni­for­me en te­rri­to­rio ene­mi­go.
  
El pro­pó­si­to no era dia­lo­gar, me­nos aún ayu­dar la re­con­ci­lia­ción en­tre los ar­gen­ti­nos, no, Cé­sar Ge­rar­do del Co­ra­zón de Je­sús, anun­cia­ba ur­bi et or­bi a to­das y to­dos, que a par­tir de ese mo­men­to, for­ma­ba par­te —ya ofi­cial­men­te— de la ba­rra bra­va K.
 
Y en es­te mun­do en el que la ima­gen pre­va­le­ce, que me­jor rú­bri­ca de es­ta tras­fe­ren­cia ideo­ló­gi­ca, que la fo­to, del afec­tuo­so ge­ne­ral, con la afec­tuo­sa He­be.
 
De mu­chas ma­ne­ras, el re­tra­to ex­pli­ci­ta lo que de­ci­mos, por ejem­plo na­die ig­no­ra que He­be con­fir­ma to­dos los días, su po­si­ción pro te­rro­ris­mo re­vo­lu­cio­na­rio, y su con­sig­na es: “ni un pa­so atrás”, si es­to es así, po­cas du­das ca­ben acer­ca de que no es ella la re­ne­ga­da de ese en­cuen­tro.
 
Es de­cir que el ge­ne­ral, co­mo los ju­ga­do­res de fut­bol, anun­ció ofi­cial­men­te el pa­se, cam­bió de equi­po, que es cam­biar de ca­mi­se­ta y de com­pa­ñe­ros, de di­rec­tor téc­ni­co, de agua­te­ro y has­ta de aus­pi­cian­te… y por su­pues­to, tam­bién es pa­tear, con­tra el que era su ar­co.
 
Aun­que no se pu­bli­có el mon­to de la trans­fe­ren­cia, tal vez por te­mor a la Afip, ex­trao­fi­cial­men­te se co­men­ta que al ju­ga­dor ya lo nom­bra­ron ca­pi­tán y él, tal vez co­mo prue­ba de amor, en­tre­gó a los leo­nes a los in­te­gran­tes de su an­ti­guo equi­po.
 
De la mis­ma fuen­te su­pi­mos, que ha­bría tam­bién al­gu­nos pa­gos ex­tras, que sue­len ser ha­bi­tua­les en ese sub­mun­do, y has­ta creí­mos es­cu­char al­go re­fe­ri­do a ca­sas fas­tuo­sas con par­ques con­ve­nien­te­men­te gran­des, pe­ro no po­dría­mos ase­gu­rar­lo, por­que es sa­bi­do que en el país, las ca­sas de tal por­te, ha­bi­tual­men­te son he­re­da­das.
 
El pa­se del ca­pi­tán, vie­ne acom­pa­ña­do de gran­des cam­bios y pro­me­sas de cam­bios, pa­ra ade­cuar al con­jun­to, al mo­de­lo que pre­ten­de el nue­vo DT.  Pa­ra im­ple­men­tar­los ar­ma­ron un gran pa­que­te, den­tro del cual me­tie­ron al Ejér­ci­to. Y lo en­vol­vie­ron con un pa­pel usa­do y un po­co res­que­bra­ja­do, al que sue­len lla­mar in­te­li­gen­cia mi­li­tar.  Pe­ro da­do el ac­tual es­ta­do de co­sas, y has­ta nue­vo avi­so, nos de­cla­ra­mos ag­nós­ti­cos, acer­ca de que tal es­pe­cie pue­da exis­tir.
 
Es cier­to que el in­quie­tan­te pro­yec­to Mi­la­ni, no es ori­gi­nal, an­tes hu­bo mi­li­ta­res, que ac­tua­ron en com­po­nen­das y “arre­glos” y al­ca­hue­te­rías in­vo­lu­crán­do­se a fon­do con otros po­pu­lis­mos to­ta­li­ta­rios, re­cor­da­mos los ca­sos de Car­ca­ño - Bal­za - Ben­di­ni - Ce­sio - en­tre una lis­ta se­gu­ra­men­te más am­plia de per­so­na­jes y tor­pe­zas.
 
Des­de otro án­gu­lo, es di­fí­cil si­quie­ra ima­gi­nar que, con la rús­ti­ca in­ge­nie­ría de in­cor­po­rar vein­te —o cien— Ham­mer, y el cue­llo Mao en los nue­vos uni­for­mes, es po­si­ble re­ha­cer a un ejér­ci­to sór­di­da­men­te aban­do­na­do. Pe­ro no es es­to lo que pre­ten­de Mi­la­ni y por eso di­ce: “Pe­ro fun­da­men­tal­men­te vol­ve­re­mos a ser una ins­ti­tu­ción pro­ta­go­nis­ta y com­pro­me­ti­da con un pro­yec­to na­cio­nal”.
 
Co­mo es­tá ha­blan­do aquí y aho­ra, y lo ra­ti­fi­ca el ine­fa­ble Ros­si, a pe­di­do de Cris, quién du­da­ría de que van en una úni­ca di­rec­ción, in­vo­lu­crar al Ejér­ci­to en el plan anár­qui­co y de­vas­ta­dor del kirch­ne­ris­mo.
 
Es cier­to que to­da­vía que­da un po­co de pla­ta, pa­ra los gran­des pro­yec­tos na­cio­na­les y po­pu­la­res, co­mo la cons­truc­ción del nue­vo ho­tel de Cris, pe­ro tan­to el po­der, aun­que sea re­ta­zos, co­mo la fa­ma, aun­que es pu­ro cuen­to, sue­len atraer fuer­te a los hom­bres, pe­ro ade­más y en el fon­do, cier­tos per­so­na­jes, sue­ñan con ser los gue­rre­ros que lle­gan al res­ca­te de la rei­na y aún es pro­ba­ble que los ha­yan per­sua­di­do de que su des­ti­no bien se po­dría en­tre­la­zar con el de Pe­rón, —un Pe­rón que vuel­ve de la ma­no de Cé­sar— por eso a ve­ces, en las más te­ne­bro­sas fan­ta­sías, en­tre­ve­mos a un ge­ne­ral con blan­co uni­for­me, des­fi­lan­do por Li­ber­ta­dor a bor­do de un Ham­mer blan­co y acla­ma­do por Car­lot­to, Kun­kel, Za­ni­ni, Gu­llo y los de La Cám­po­ra…
 
Por otra par­te, se ha­bla mu­cho en es­tos días, acer­ca de im­pli­car a los mi­li­ta­res no so­lo con la des­truc­ción K, si­no de en­re­dar­los, en la lu­cha con­tra el nar­co­trá­fi­co. No ha­ce fal­ta un gran es­fuer­zo, pa­ra dar­se cuen­ta de que se tra­ta­ría de una ex­cu­sa po­co me­nos que ideal, pa­ra cu­brir con una apa­rien­cia más o me­nos le­gal, al es­pio­na­je in­te­rior, y tam­bién que ese ins­tru­men­to de ave­ri­gua­ción y vi­gi­lan­cia y aco­so, se­ría usa­do me­nos con­tra los nar­cos, que con­tra los ar­gen­ti­nos opues­tos a los K.
 
Si­guien­do el mis­mo ca­mi­no y pen­san­do en el po­der eco­nó­mi­co de los tra­fi­can­tes y cier­ta avi­dez de ri­que­za, que pa­re­ce­ría cam­pear en­tre al­gu­nos uni­for­ma­dos, no nos sor­pren­de­ría, en po­co tiem­po, ver­los ca­mi­nar ha­cia el la­do más os­cu­ro y más nar­co del jar­dín…
 
En­tra­mos aho­ra en nue­va eta­pa, que qui­zás sea de­ci­si­va, don­de nos to­pa­mos de fren­te con los man­dos sal­tan­do las mu­ra­llas ex­te­rio­res, ac­tuan­do en con­tra de to­do lo que ju­ra­ron de­fen­der, in­clui­da la pa­tria.  Des­de ha­ce dos mil años, así se nom­bra­ba a Ju­das, pe­ro co­mo hu­bo otro Ju­das, mi­se­ri­cor­dio­so y san­to, pre­fe­ri­mos de­cir trai­dor a se­cas. Y no hay que acla­rar que és­tos sa­lie­ron de las mis­mas fi­las, por­que co­mo di­ce Ches­ter­ton a los trai­do­res hay que bus­car­los en­tre los que co­men en el mis­mo pla­to, si no nun­ca po­drían ser trai­do­res.
 
Ha­ce unos años, con­ver­sá­ba­mos con ami­gos so­bre el pa­no­ra­ma que pa­re­cía apro­xi­mar­se, la re­crea­ción en el país del ejér­ci­to cha­vis­ta, es de­cir las fuer­zas ar­ma­das K, al ser­vi­cio me­nos de la pa­tria, que de Cris y su ban­da de sa­quea­do­res, pe­ro es jus­to de­cir que no sos­pe­chá­ba­mos que lle­ga­rían a tan­to.
 
Hoy nos en­con­tra­mos con un ejér­ci­to ago­ni­zan­te, es­cru­pu­lo­sa­men­te des­mi­li­ta­ri­za­do, pues­to, en el me­jor de los ca­sos, a cons­truir ca­sas o al­go pa­re­ci­do (no sa­be­mos si con­ta­rán con la ayu­da de Scho­klen­der) y que con el tiem­po no se­rán si­no un ex­tra­va­gan­te gru­po de al­ba­ñi­les uni­for­ma­dos, ar­ma­dos con bal­des y ce­men­to, con­tra­ta­dos por la Fun­da­ción Ma­dres.
 
Sos­pe­cha­mos que los co­ro­ne­les y ge­ne­ra­les as­cen­di­dos, se­rán rea­gru­pa­dos den­tro de las ar­mas re­cién crea­das, pa­ra res­pon­der a las ne­ce­si­da­des del mo­de­lo, ha­brá por ejem­plo ge­ne­ra­les de al­ca­hue­te­ría mo­to­ri­za­da, o ar­ti­lle­ro vo­yeur, o el ar­ma de in­fan­te pa­pa­raz­zi, etc., etc. A fin de dis­tin­guir­los de los an­ti­guos ge­ne­ra­les de la na­ción, no de­ja­ría de te­ner cier­ta equi­dad, que los co­no­cié­ra­mos co­mo los Ge­ne­ra­les K.
 
La dis­tin­ción en­tre am­bos gru­pos, se­ría una ven­ta­ja con­tra las cre­cien­tes per­ple­ji­da­des en que nos en­con­tra­mos, por ejem­plo, la que ocu­rrió du­ran­te el ac­to de en­tre­ga de las má­xi­mas in­sig­nias K. Efec­ti­va­men­te, pa­ra al­gu­nos de los es­pec­ta­do­res, la ce­re­mo­nia re­sul­tó ex­tra­ña y has­ta con­tra­dic­to­ria, por­que sin du­da se tra­ta­ba de un as­cen­so, del má­xi­mo as­cen­so, y sin em­bar­go, hu­bo quie­nes lo vie­ron co­mo una de­gra­da­ción.
 
Abru­ma­dos por una nie­bla os­cu­ra, ener­va­dos por se­me­jan­te des­plie­gue de irra­cio­na­li­dad, so­lía­mos pen­sar en des­qui­cio, en mo­no­ma­nía, en lo­cu­ra, pe­ro los acon­te­ci­mien­tos, que van en sen­ti­do con­tra­rio, con­sien­ten que nos ale­je­mos com­ple­ta­men­te de esa po­si­bi­li­dad.  Y en­ton­ces ¿an­te qué es­ta­mos?
 
La res­pues­ta ya es­tá enun­cia­da en la re­fle­xi­va sos­pe­cha de Ste­ven­son. Pe­ro que­da cla­ro que no, es­to no pue­de ser lo­cu­ra.
 
 
Miguel De Lorenzo
 

jueves, 7 de agosto de 2014

Actualidad nacional

LA DEMOCRACIA Y TRES PUÑALES MORTALES
  
  
A pro­pó­si­to del ani­ver­sa­rio nú­me­ro trein­ta de la de­mo­cra­cia creí­mos con­ve­nien­te traer a co­la­ción al­gu­nas es­ta­dís­ti­cas de in­te­rés en re­la­ción con la po­bre­za, las de­si­gual­da­des so­cia­les, la co­rrup­ción ins­ti­tu­cio­nal y el ca­da vez ma­yor mer­ca­deo de su­fra­gios.

Pri­mer Pu­ñal: Con la de­mo­cra­cia cre­cie­ron el ham­bre y las de­si­gual­da­des so­cia­les

Co­men­ce­mos ci­tan­do un mi­nu­cio­so in­for­me es­ta­dís­ti­co en re­la­ción con los ín­di­ces de po­bre­za e in­di­gen­cia de ni­ños y ado­les­cen­tes me­no­res de die­cio­cho años y con la mor­ta­li­dad in­fan­til del pe­río­do 1991-2001.
 
Lo par­ti­cu­lar­men­te in­te­re­san­te aquí re­si­de en la pro­ce­den­cia de la in­for­ma­ción que a con­ti­nua­ción trans­cri­bi­re­mos: el INA­DI y el Mi­nis­te­rio de Derechos Humanos y de Jus­ti­cia de la Na­ción, en­tre otros.(1)
 
¿Qué di­cen las fuen­tes re­cién men­ta­das? En el ca­pí­tu­lo III, re­fi­rién­do­se a las con­di­cio­nes de los Ins­ti­tu­tos de Me­no­res, se lee: “los re­cin­tos es­tán su­per­po­bla­dos, las cel­das son pe­que­ñas y hay ha­ci­na­mien­to”. “Los más chi­cos, que pue­den te­ner has­ta ocho años, com­par­ten el re­cin­to con ma­yo­res. El mo­bi­lia­rio, cuan­do lo hay, es de­plo­ra­ble, las fra­za­das in­su­fi­cien­tes. Mu­chas ve­ces no hay su­fi­cien­te luz ni ven­ti­la­ción. Los sa­ni­ta­rios son in­mun­dos y no hay agua ca­lien­te. La co­mi­da in­su­fi­cien­te y a ve­ces no sa­can a los jó­ve­nes a los pa­tios a ha­cer ejer­ci­cio y to­mar sol. No re­ci­ben ser­vi­cios edu­ca­ti­vos y po­ca aten­ción mé­di­ca o asis­ten­cia psi­co­ló­gi­ca ca­si nu­la”.(2)
 
En el apar­ta­do del mis­mo ca­pí­tu­lo re­fe­ren­te a Ni­ñez y Po­bre­za, di­ce: “El con­jun­to de la po­bla­ción in­fan­til ha su­fri­do di­rec­ta o in­di­rec­ta­men­te las con­se­cuen­cias de los pro­ce­sos de va­cia­mien­to pro­duc­ti­vo, con­cen­tra­ción de la ri­que­za, pre­ca­ri­za­ción la­bo­ral y de­so­cu­pa­ción […].
 
“La En­cues­ta Per­ma­nen­te de Ho­ga­res del IN­DEC se­ña­la que en oc­tu­bre del 2001 un 70% de ni­ños y ado­les­cen­tes es­ta­ba afec­ta­do por con­di­cio­nes de ha­ci­na­mien­to crí­ti­co […].
 
“En­tre 1991 y 2001 el por­cen­ta­je de per­so­nas me­no­res de 18 años ba­jo la línea de po­bre­za au­men­tó un 72,8%, mien­tras que el por­cen­ta­je de indigentes se cua­dri­pli­có (+322%)”. 
Otras fuen­tes in­di­can que, en nues­tro país, el 60% de los me­no­res de 18 años y el 53,1 de los me­no­res de quin­ce son po­bres. So­bre 2.800.000 ni­ños, 1.486.000 vi­ven en fa­mi­lias que no pue­den com­prar una ca­nas­ta de ali­men­tos y ser­vi­cios bá­si­cos, y re­sul­tan preo­cu­pan­tes los ni­ve­les de de­ser­ción es­co­lar y la fal­ta de con­ten­ción fa­mi­liar.(3)
 
En cuan­to a la mor­ta­li­dad in­fan­til, el in­for­me re­co­no­ce que fue descendiendo des­de los años ‘70 y au­men­tan­do pro­gre­si­va­men­te a me­dia­dos de los ‘80, lo­gran­do su cús­pi­de en 1999, don­de au­men­ta­ron drás­ti­ca­men­te (ca­sos Formo­sa, Tu­cu­mán). Lo mis­mo se es­pe­ci­fi­ca en cuan­to al tra­ba­jo infan­til y la ex­plo­ta­ción se­xual de ni­ños, ni­ñas y ado­les­cen­tes y al trá­fi­co de menores.(4)
 
A con­fe­sión de par­te…
 
La si­tua­ción cier­ta­men­te no va­rió de­ma­sia­do en años pos­te­rio­res has­ta la actua­li­dad.  En el 2012 el Ob­ser­va­to­rio de la Deu­da So­cial Ar­gen­ti­na de la UCA —en­ti­dad hoy ple­na­men­te iden­ti­fi­ca­da con la de­mo­cra­cia— ci­fra­ba en ca­si on­ce mi­llo­nes la can­ti­dad de po­bres en Ar­gen­ti­na;(5) o sea, ca­si un 30% de la po­bla­ción.
 
Segundo Pu­ñal: La corrupción in crescendo 
Se­gún in­for­ma­ba el dia­rio “La Na­ción” el pa­sa­do 3 de di­ciem­bre de 2013, la Ar­gen­ti­na con­ti­núa ca­yen­do en pi­ca­da en el Ín­di­ce de Per­cep­ción de la Co­rrup­ción (IPC), ubi­cán­do­se aho­ra en el pues­to ciento seis de en­tre las ciento setenta y siete na­cio­nes au­di­ta­das,(6) ob­te­nien­do treinta y cuatro pun­tos en una es­ca­la de cero a cien, com­par­tien­do es­ca­la­fón con paí­ses co­mo Ni­ge­ria, Ga­bón, Tai­lan­dia, Etio­pia, Tan­za­nia, Bo­li­via y Mé­xi­co.
 
De acuer­do al úl­ti­mo re­por­te del Fo­ro Eco­nó­mi­co Mun­dial, en el ru­bro ins­ti­tu­cio­nal, la Ar­gen­ti­na se ubi­có 143 de 148 na­cio­nes y ob­tu­vo “una de las más ba­jas pun­tua­cio­nes en té­rmi­nos de co­rrup­ción” (se­gu­ra­men­te con to­pe­mos aquí con un nue­vo re­cord his­tó­ri­co de nues­tra va­na­glo­ria­da de­mo­cra­cia).  En­tre otros re­tro­ce­sos re­la­cio­na­dos re­gis­tra­dos, en el ru­bro ti­tu­la­do “Fa­vo­ri­tis­mo en las de­ci­sio­nes del go­bier­no”, la Ar­gen­ti­na se ubi­ca en el pues­to 143 de 148.(7)
 
No obs­tan­te, es­tos nú­me­ros no son más que in­di­ca­ti­vos ra­ti­fi­ca­do­res de lo que la so­cie­dad to­da sa­be y te­me.  En uno de los tan­tos son­deos y en­cues­tas rea­li­za­dos a la ciu­da­da­nía en el mar­co de las elec­cio­nes del 2011, en re­fe­ren­cia a los pro­ble­mas a so­lu­cio­nar por el go­bier­no, un 23% se­ña­la­ba a la co­rrup­ción co­mo su má­xi­ma preo­cu­pa­ción; só­lo por de­ba­jo de la in­se­gu­ri­dad, con un 36%.(8)
 
En ju­nio del 2013, en vís­pe­ras de las PA­SO, la co­rrup­ción tre­pó al pri­mer lugar con un 35%.(9)
 
Tercer Pu­ñal: Tu voto no hace diferencia 
La mer­can­ti­li­za­ción de los su­fra­gios se ha in­cre­men­ta­do con el pa­sar de las dé­ca­das lle­gan­do a pi­cos alar­man­tes en la ac­tua­li­dad.  La ven­ta de vo­tos, rea­li­za­da y su­per­vi­sa­da mi­nu­cio­sa­men­te por pun­te­ros de dis­tin­to sig­no po­lí­ti­co, se ha con­ver­ti­do en una in­dus­tria ca­da vez más re­di­tua­ble.  No de­ci­mos na­da nue­vo ni es al­go que re­quie­ra ma­yo­res com­pro­ba­cio­nes, pues to­do se ha­ce de­sem­bo­za­da­men­te a la vis­ta de to­dos, co­mo cuan­do so­mos tes­ti­gos en tiem­pos elec­to­ra­les del sin­nú­me­ro de ab­yec­tos pun­te­ros po­lí­ti­cos —dis­fra­za­dos de asis­ten­tes so­cia­les— tras­la­dan­do en ha­ci­na­dos fur­go­nes a per­so­nas de sec­to­res mar­gi­na­les a las ur­nas y/o mo­vi­li­zán­do­los ma­si­va­men­te a ac­tos po­lí­ti­cos que les son to­tal­men­te aje­nos y de los que na­da en­tien­den ni quie­ren sa­ber.  Lo que otro­ra era un se­cre­to a vo­ces es hoy una rea­li­dad que na­die se atre­ve a dis­cu­tir.
 
En un es­cla­re­ce­dor es­tu­dio ti­tu­la­do “La Com­pra de Vo­tos en Ar­gen­ti­na”,(10) don­de se ana­li­za la di­men­sión que ha alcanzado el clien­te­lis­mo po­lí­ti­co en Ar­gen­ti­na y la com­pra de su­fra­gios por me­dio de dis­tin­tas ar­gu­cias y me­ca­nis­mos, se in­for­ma que un 35% de los vo­tan­tes ad­mi­tie­ron ha­ber re­ci­bi­do be­ne­fi­cios de cier­tos par­ti­dos po­lí­ti­cos (pe­ro­nis­tas en su ma­yo­ría) du­ran­te el trans­cur­so de dis­tin­tas cam­pa­ñas, es­ta­ble­cién­do­se fe­ha­cien­te­men­te tam­bién que los sec­to­res po­bres, mar­gi­na­les, fue­ron y son los prin­ci­pa­les blan­cos de es­te clien­te­lis­mo: los ar­gen­ti­nos po­bres (30% de la po­bla­ción), en su­ma, por me­dio de la ex­tor­sión, ter­mi­nan sien­do clien­tes po­lí­ti­cos.
 
Si a to­do es­to le su­ma­mos el frau­de elec­to­ral ca­da vez más agu­di­za­do y las irri­so­rias op­cio­nes que nos im­po­nen (op­tar en­tre Freddy Krue­ger y Jack el Destripador no es ele­gir) en­ton­ces que­da cla­ro que tu vo­to, mu­chas ve­ces, no pa­sa de ser una in­ten­ción de de­seo; que­da es­tan­co y re­za­ga­do en la in­ter­mi­na­ble ma­rea del lo­do clien­te­lis­ta.
 
Trein­ta años de co­rrup­ción y ham­bre.  Na­da que fes­te­jar.
 
Cristián Rodrigo Iturralde
 
Notas:
1.  Cfr. htt­p://i­na­di­.go­b.a­r/u­ploads­/pu­bli­ca­cio­ne­s_i­na­di­/va­rios­/plan­na­cio­nal.pdf
2.  “Ha­cia un Plan con­tra la dis­cri­mi­na­ción.  La Dis­cri­mi­na­ción en la Ar­gen­ti­na.  Diag­nós­ti­co y pro­pues­tas, Al­to Co­mi­sio­na­do de las Na­cio­nes Uni­das pa­ra los De­re­chos Hu­ma­nos.  Pro­gra­ma de las Na­cio­nes Uni­das pa­ra el De­sa­rro­llo”.  Pro­yec­to ARG/02/024.  Ca­pí­tu­lo III, Diag­nós­ti­co y Áreas de aná­li­sis, pág. 83.  Con­sul­tar el in­for­me pa­ra ma­yo­res re­fe­ren­cias y fuen­tes pro­ba­to­rias de lo asen­ta­do.
3.  Ídem, págs. 84-85
4.  Ídem, pág. 86
5.  La Na­ción, 20 de ju­lio de 2012.  Cfr. http://www­.la­na­cion­.co­m.ar/1491924-hay-108-mi­llo­nes-de-po­bres-cin­co-ve­ces-mas-que-lo-que-di­ce-el-in­dec
6.  “La Na­ción”, 3 de di­ciem­bre de 2013.  Cfr. http://www­.la­na­cion­.co­m.ar/1644091-la-ar­gen­ti­na-ca­yo-en-el-in­di­ce-de-per­cep­cion-de-la-co­rrup­cion
7.  Ur­gen­te24, 27 de di­ciem­bre de 2013.  Cfr. http://ww­w.ur­gen­te­24.com/220875-in­fla­cion-tra­bas-y-co­rrup­cion-los-pro­ble­mas-de-una-ar­gen­ti­na-me­nos-com­pe­ti­ti­va.
8.  Elec­cio­nes Ar­gen­ti­na, 13 de ju­lio de 2011.  Cfr. http://ww­w.ar­gen­ti­nae­lec­cio­nes­.com­/no­ti­cia-en­cues­ta-prin­ci­pal-pro­ble­ma-pais-1046.html
9.  Con­sul­to­ra Blog.  Ceis.  Cfr. http://www­.ceis­con­sul­to­ra­.co­m.ar/
10.  Va­le­ria Bru­so y Mar­ce­lo Na­za­re­no: “La Com­pra de Vo­tos en Ar­gen­ti­na”.  Tra­ba­jo pre­sen­ta­do en el Sexto Con­gre­so Na­cio­nal de Cien­cia Po­lí­ti­ca de la So­cie­dad Ar­gen­ti­na de Aná­li­sis Po­lí­ti­co, del 5 al 8 de no­viem­bre de 2003.  Pa­ra el tra­ba­jo con­ta­ron con la co­la­bo­ra­ción de la Uni­ver­si­dad Nacional de Vi­lla Ma­ría, la Universidad Nacional de Cór­do­ba y la Universidad Ca­tó­li­ca de Cór­do­ba, ba­jo la su­per­vi­sión de Su­san Stro­kes, de la Uni­ver­si­dad de Chi­ca­go.  Con­sul­tar com­ple­to en http://www­.saa­p.or­g.a­r/esp­/docs-con­gre­sos­/con­gre­sos-saap­/VI/a­reas­/06/brus­co-na­za­re­no.pdf
 

domingo, 3 de agosto de 2014

Editorial del número 108


SIMPLEMENTE MAFIOSOS
 
 
Desde distintas tribunas opositoras se escucha con frecuencia acusar al gobierno de nacionalista.  Habiendo acrecido últimamente la cantidad de esas voces acusadoras,con ocasión de los fervores oficiales suscitados por un campeonato futbolístico mundial y por el conflicto con los llamados fondos-buitres.  Para quienes así razonan, todo tremolar de banderas patrias es una amenaza, y toda expresión de defensa soberana una asechanza al destino globalista.  Aunque el pabellón tome la forma de una camiseta sudorosa y la soberanía protegida se reduzca al grito procaz de una delincuente enajenada.
 
Lo peor late en el fondo de este criterio.  Quienes lo pregonan y practican —confundiendo gavilla gubernamental de turno con la nación eterna que definiera Maurras— encuentran un insolente regocijo en los sucesivos atropellos y vapuleos a los que se ve sometida la Argentina.  Y siguen con alborozo cada rendición que nos es infligida desde las centrales extranjeras de la usura, sin distinguir entre las bofetadas que bien merece el hato de depravados kirchneristas, y la patria golpeada en el fondo de su honor.  No diferencian el trigo de la cizaña, y con tal de ver segada a la última —que bien merece el exterminio— están dispuestos a aplaudir festivos el marchitar de los trigales.  Si pasó con la guerra justísima de Malvinas —prefiriendo y gozando tantos el democrático 14 de junio antes que el castrense y épico 2 de abril— porqué no habría de pasar ahora.
 
Da espanto pensar que gobiernan quienes aplaudieron la humillación argentina en el Atlántico Sur por odio al gobierno militar de entonces.  El mismo y atroz espanto que causan ahora los que tributan palmas a cada morisqueta de Griesa o a cada compadreada de Paul Singer.  Tan cipayos son los unos como los otros.  Tanto como lo fueron los unitarios decimonónicos, cuando se plegaban a los invasores, creyendo que entonces se sacaban de encima a la pesadilla.  Y la pesadilla, primero,los tenía a ellos por protagonistas.

Las cosas claras, por favor.  El kirchnerismo —uno de los tantos y multiformes detritus del peronismo— no tiene en sus entrañas componente nacionalista alguno.  En sus representantes y en sus actos son liberales y son marxistas, amorfamente mezclados.
 
Son clasistas, indigenistas y populistas incurables, preñados de odio enfermizo e indocto hacia nuestras raíces hispanocatólicas.
 
Son revolucionarios resentidos y rencorosos; y son modernos, en lo que el término denota rendir culto a la contranaturaleza, tanto en lo físico como en lo espiritual.  La contranatura de sus actos ha alcanzado incluso una repugnancia que no conoció jamás otra gestión política en nuestro suelo.
 
Sí; son los kirchneristas tanto sirvientes compulsivos del Imperialismo Internacional del Dinero como agentes activos de la contracultura progresista que, por lo mismo, no abreva siquiera en el llamado pensamiento nacional, aún con sus yerros, sino en los sumideros de las ideologías intrusas.
 
Si un demonio hubiera querido fabricar, por malas artes alquímicas, una sustancia contraria a la cristiana criollidad que define al Nacionalismo, hubiera fabricado a quienes gobiernan.  Y también, seamos justos, a quienes dicen oponérseles.
 
En una homilía pronunciada en Calabria el pasado 21 de junio, el Papa —que nos tiene dolorosamente acostumbrados a las confusiones— dijo con acierto: “La adoración del mal y el desprecio del bien común: este mal debe ser combatido, alejado, hay que decirle siempre que no.  Aquellos que en su vida han emprendido este camino del mal, los mafiosos, no están en comunión con Dios, están excomulgados”.
 
Es una pena que el Obispo de Roma sólo hable claro de vez en vez; y que respecto de los mafiosos de su patria no obre en consecuencia, excomulgándolos ejemplarmente, sino recibiéndolos entre zalamerías y congratulaciones.  Quien puede homenajear a Teodoro Hertzl en su tumba, bien puede pedir solícito que la cuiden a Cristina.  Oprobio grande asimismo que los mitrados nativos estén para perseguir a los católicos fieles y ufanarse de su afinidad con los disolutos.
 
Ya nada de esto importa demasiado.  Los tiempos se aceleran y urgen las definiciones de los sencillos hombres de bien, como antídoto a tanta logomaquia.  Nosostros, que conservamos cual única definición válida de nuestro Nacionalismo, la voluntad de querer aplicar en la patria el instaurare omnia in Christo, testimoniamos, austera pero firmemente, que seguimos encolumnados tras la Cruz.  Por eso tienen nuestras filas fragancia a mirra o a incienso y colores blanquecinos y celestes que ondulan y arbolean.  Olores y colores de sobrenatural victoria.
 
Antonio Caponnetto
 

viernes, 1 de agosto de 2014

Habemus 108


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lunes, 21 de abril de 2014

Poesía que promete


RESURRECCIÓN

“ Y tembló la tierra y se hendieron las piedras. Y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían muerto, resucitaron.Y saliendo del sepulcro después de la resurreccion de Cristo, vinieron a la santa ciudad y aparecieron a muchos”
Mateo, XXVII,51-56

Su grande voz ,refiere la Escritura,
clamó al Padre sintiendo el desamparo.
Después la sombra que se vuelve faro,
cirio su muerte, lumbre la tortura.

Todavía la caña con vinagre
conservaba el dolor del labio herido.
Todavía la cruz,tinta de almagre
se izaba como un pájaro partido.

Sin embargo la tierra se hace huerto
con un temblor unánime en sus pliegos,
y las rocas crepitan entre ruegos
para afirmar que Dios era aquel muerto.

Se sumó el Templo al cósmico vestigio
rasgando el velo desde lo alto abajo,
un ángel cinceló el enorme tajo,
la Promesa ganaba su litigio.

Faltaba esclarecer el grito hebreo:
¡Salvó a otros y a sí no ha de salvarse!
Su vida y la de muchos se resarce
en la resurreción del jubileo.

¿Quiénes fueron los santos que salieron
de sus tumbas, quebrada la agonía,
los que en las casas, la ciudad veía
como antiguos y amados forasteros?

¿Eran según Ignacio de Antioquía
los profetas del Viejo Testamento?
¿Eran Abel,Enoc, o el macilento
Melquisedec a quien Abraham oía?

Callan Remigio, Hilario y el de Hipona
la identidad exacta de esos justos,
baste saber que fueron los augustos
testigos de la Vida que se dona.

Los quisiera,Señor, junto al santuario,
visitando las calles de mi aldea,
atestiguando que se enseñorea
tu reyecía invicta en el Calvario.

Los quisiera por Roma, peregrinos
de tu pascua naciente.Pregoneros
de que la Iglesia crece en entreveros
y en amores perennes, diamantinos.

Los quisiera de huéspedes en mi alma
celebrando Tu Primogenitura,
y esperar tu venida en la juntura
del trigo, de la vid y de la palma.

ANTONIO CAPONNETTO

miércoles, 26 de marzo de 2014

Editoriales


UN VACIAMIENTO QUE DUELE
 
 
Andan excitadas las izquierdas con ocasión del cuarto de siglo del desdeñable Proceso. Y en las calenturas de seseras o de trasterías, que no caben aquí mayores distingos, sólo atinan —como el marrano en la porqueriza— a hozar la tierra confundiéndola con sus heces. Nada diferente a lo que siempre han hecho. Y aunque el montaje fraudulento debiera resultar saturante por multimediático, y de credibilidad nula, lo cierto es que ocupan un espacio vital del poder político y desde allí manipulan la realidad a su arbitrio.
 
Preocupan en cambio las actitudes y respuestas de los hombres de armas. Acorralados, acomplejados y sometidos por aquellos a quienes no supieron vencer, oscilan entre la pusilanimidad y el desatino, entre envíos de clemencias que el enemigo no quiere recibir, puesto que sigue en operaciones, llamados a una reconciliación vacua de la que se ríen los protervos, y profesiones de credos democratistas, a cual más indignante. Que a un confeso agente terrorista se lo considere hoy fuente lícita de incriminaciones e interlocutor válido de las cuestiones castrenses, es triste ejemplo de la declinación que retratamos. Que a un juez oportunista y condescendiente con el reclamo de las células subversivas, se le dispense un trato amical y lisonjero, también lo es. Que al ministro de Defensa se le acepte ahora la división dialéctica entre el viejo Ejército culpable y el nuevo políticamente correcto, corrobora y ratifica la inconsistencia alcanzada. Porque aquel subversivo cínico y fatuo no merece el tratamiento de fiscal de la República, sino la cárcel estrecha y dura. Y el magistrado acomodaticio no merece convites especiales a celebraciones sanmartinianas, sino lecciones de probidad. Y el alguacil mentado no merece aplausos aprobatorios, sino que se le exhiba el orgullo actual de la milicia por sus gloriosos combatientes del pasado, caídos en la guerra justa contra los rojos, y sin voces que los recuerden. Puesto que guerreros hubo que bien lucharon, sin manchar sus uniformes ni sus almas.
 
El vaciamiento de las Fuerzas Armadas es un hecho. Basta ver las guarniciones desmembradas, los presupuestos escuálidos, los sistemas defensivos deteriorados, las fronteras raleadas, los proyectos misilísticos abandonados, el envejecimiento del material bélico, la inanidad frente a las agresiones internas y externas. Basta ver las misiones de paz al servicio del Nuevo Orden, la pleitesía para con los saqueadores de nuestras propiedades australes, los programas de estudio en los institutos de formación superior, inficionados de liberalismo y de modernismo, la supresión de la obligación juvenil de servir bajo bandera.  Basta ver —y esto es lo más trascendente— la ausencia de una mística épica y cristiana en la formación de la tropa, la supresión de toda doctrina contrarrevolucionaria en la instrucción de los oficiales, el despojo intencional y deliberado de cualquier sesgo tradicional y nacionalista, de todo código de honor, de reconquista y victoria. Porque el plan vaciador y destructor que se viene ejecutando, no apunta primero a la inmovilización física, sino a la desmovilización espiritual. No al desarme corpóreo, sino antes el de las mentes y los corazones. No al proverbial paredón popular, sino al suicidio inducido, como en los Demonios de Dostoievsky.
 
Sería tuerto que en esta visión de tamaños males que estamos reseñando recayeran las culpas, en exclusiva, en los tres últimos presidentes civiles, marionetas visibles y despreciables de la plutocracia y del gramscismo. Hay que ir más atrás: al menos hasta el “profesionalismo aséptico” de la Revolución Argentina, y la falacia procesista de “la democracia moderna, eficiente y estable”, como non plus ultra de las Fuerzas Armadas. Hay que ir hasta los que prefirieron la fidelidad a Yalta a los muertos del Belgrano. Hasta los que consintieron en tomar prisioneros a sus propios camaradas que reclamaron la dignidad perdida en cien vejaciones. Hay que ir hasta el rostro desencajado de traiciones de Balza, y las declaraciones de Brinzoni del 26 de noviembre de 2000, regocijándose de que pareciera “más un economista que un general”, y de que en el futuro, pueda ser general “un profesor de bellas artes o un licenciado en psicología, sin haber pasado por el Colegio Militar”. Hay que ir hasta este hoy luctuoso, en el cual, el aberrante modelo económico —que ha hecho todo lo necesario para justificar una escalada guerrillera— nada hace para reconstituir el brazo armado que debería reprimirla, sin que tal situación parezca incomodar a los jefes castrenses.
  
Era común que la guerrilla de los setenta, al intentar el copamiento de una unidad militar, cometiera la hipocresía de gritarles a los conscriptos que se rindieran, que se quedaran quietos, pues con ellos “no era la cosa”. Este criterio indigno para desinvolucrar y desarraigar al tropero de su Arma y enfrentarlo a sus superiores, recibió una vez la memorable respuesta de un criollo de ley, apenas veinte años, en Formosa y el uniforme raso. Para más señas, Hermindo Luna llamado: “¡Aquí no se rinde nadie!, le contestó al marxista, y a poco la muerte recibida como un sacramento inesperado.
 
Te dicen lo mismo ahora, soldado. Te dicen que contigo no es el problema, pues has lavado las culpas en las nuevas Fuerzas, democráticas, mixtas, internacionalistas, y pacíficas. Te dicen que nada de epopeyas, ni de extremos que pudieran apasionarte, ni de arquetipos que te instalaran al testimonio de la Fe y de la Patria. Y te lo dicen, no sólo quienes desde sus actuales cargos bien rentados, asesinaron antaño a sus camaradas, sino quienes debieras ver en la vanguardia de la defensa altiva del honor conculcado. Y te lo dicen además, mientras el escarnio no cesa, ni la calumnia arredra, ni la mentira acaba, ni el vaciamiento termina, y el vasallaje ofende y las izquierdas desbordan. Y bien: contigo es la cosa. Porque es con la Patria, y le pertenecemos. Y si ya no la sientes propia, será la señal de tu anonadamiento y flaqueza.
 
Ha de llegar el día de batirse por lo Permanente. Los campos ya están trazados, los contingentes divididos, las expectativas tensas. No equivoques la bandera y la divisa. No olvides la respuesta: “aquí no se rinde nadie”. Ni todavía la Cruz, el rosario y el escapulario, como querían San Martín y Belgrano. No olvides la plegaria y la memoria alerta. Y no olvides, soldado, de llevar encima, en esa cicatriz del hombro fusilero, una copla de amor, por si nunca regresas.
 
Antonio Caponnetto
 
Nota: Este editorial pertenece a “Cabildo”, tercera época, Año II, Nº 14, de marzo de 2001.